viernes, 2 de junio de 2017

El cuarto rescate de Grecia

Juan Francisco Martín Seco, El viejo Topo

La reunión del Eurogrupo del lunes pasado terminó sin acuerdo acerca del cuarto rescate a Grecia. Cuarto rescate, así lo llaman los sindicatos y la oposición. La razón de esta dominación radica en que, si bien en puridad el dinero que va a recibir el país heleno pertenece al tercero, al que se firmó en 2015, ahora se condiciona su desembolso a nuevas medidas y recortes. Otra vuelta de tuerca. Es la enésima. La verdad es que no se debería llamar ni cuarto ni tercero ni primer rescate, porque nunca se ha rescatado a Grecia. Solo hay que contemplar su situación actual. A los que en realidad se ha rescatado ha sido a los bancos alemanes y franceses, mientras que se hundía al país heleno más y más en la crisis. Grecia no levanta cabeza. Y se confirma una y otra vez la nefasta política impuesta por Berlín y Bruselas.

La Comisión, no obstante, presenta estos días una visión triunfalista e idílica, quizás para justificarse y para que la esperanza haga los recortes menos duros y amargos. Afirma que está resurgiendo la confianza, despuntando el consumo, aumentando el empleo, que la temporada turística va a ser buena y que el saldo presupuestario primario (antes de pagar intereses) es mejor de lo esperado. En 2016, 3,95% del PIB.

De todo ello lo único cierto es lo que hace referencia al déficit público, que por otra parte parece que es tan solo lo que le interesa a Bruselas. Grecia acaba de entrar de nuevo en recesión (tal como se suele considerar técnicamente, dos trimestres seguidos con tasas negativas del PIB). Durante el cuarto trimestre de 2016 el PIB se redujo en el 1,2%, y en el primero de 2017 el 0,1%. Pero es que, además, hay que presumir que los nuevos recortes (2% del PIB, 3.600 millones entre 2019 y 2020), tendrán un efecto contractivo sobre la economía, con lo que se pierde toda esperanza de que la situación mejore.

Los sucesivos ajustes han tenido sobre Grecia un efecto devastador, la economía ha sufrido tres recesiones, la renta nacional se ha reducido en un 25%, la tasa de desempleo alcanza el 24% y el stock de deuda pública el 180%. El castigo sufrido parece propio de una situación de posguerra. Además las medidas adoptadas no han dañado a todos por igual. Han sido las capas bajas y medias de la población las que más las han sufrido, y la pobreza y desigualdad ha alcanzado niveles alarmantes e inconcebibles hace años.

Las condiciones impuestas ahora en lo que se ha llamado cuarto rescate continúan en la misma línea, son humillantes e injustas y gravitan sobre las clases más humildes. Las pensiones sufren el decimocuarto recorte, y disminuirán entre el 9 y el 18%, y el límite exento en el impuesto sobre la renta pasará de 8. 600 a 5.700 euros. Hay que preguntarse si la intención de los representantes de las instituciones comunitarias es tan solo eliminar el déficit público o si, por el contrario, se mueven por motivos ideológicos y a la hora de escoger las medidas se inclinan por las predilectas del neoliberalismo económico, tales como hundir lo más posible las pensiones públicas y potenciar así los fondos privados de pensiones o atacar los tributos directos y progresivos.

Esta clara intencionalidad ideológica se percibe también en el resto de medidas impuestas, diferentes de los recortes presupuestarios. Se abarata el despido y -cosa insólita en la democrática Europa- se suspende la negociación colectiva por lo menos hasta 2019. Es decir, se profundiza en la liberalización del mercado laboral con la finalidad evidente de reducir los salarios.

Pero no solo es el mercado de trabajo el que se pretende liberalizar. Las medidas afectan también al comercio y a la energía. Se establece la posibilidad de abrir treinta domingos al año en lugar de los ocho actuales. Uno no puede por menos que preguntarse qué tiene que ver esta condición con el control del déficit público. De tener algún efecto, será negativo tanto sobre la economía como sobre las finanzas públicas. Constituye, eso sí, una vieja aspiración de las grandes superficies y del poder económico, pero va en contra del pequeño comercio que es el que de verdad crea el empleo. La argumentación de que de esta manera se potencia el consumo es una falacia y una cierta ironía cuando desde 2009, año en el que comienzan los ajustes, no se ha hecho otra cosa que hundir el consumo. La llamada liberalización del sector energético pretende el mismo objetivo, abrir espacios rentables al poder económico. De ahí las privatizaciones impuestas hasta ahora y la exigencia en este acuerdo de que el Estado se desprenda de su 40% de participación en el sector.

A cambio de todas estas cesiones del Gobierno griego, lo único que se ofrece es desembolsar 7.000 millones de euros y promesas. Los 7.000 millones de euros no se destinan realmente a Grecia sino a los acreedores, ya que servirán para que este país pague los intereses de los créditos que vencen en julio. Se demuestra una vez más que lo que se pretende rescatar no es tanto los países como los prestamistas. El FMI tiene mucha experiencia en ello. Los préstamos de esta entidad a los países con problemas iban siempre orientados a que los acreedores pudiesen cobrar sus deudas. Ello explica la insistencia de Merkel en que el FMI estuviese presente en los rescates de la Eurozona.

Las promesas no dejan de ser eso, promesas, y casi nunca se han cumplido. En esta ocasión la golosina radica en que los bonos helenos entren en los programas de expansión cuantitativa del BCE, pero sobre todo en la reestructuración de la deuda pública griega. El FMI hace tiempo que viene manifestando que Grecia en ningún caso podrá hacer frente al stock de deuda pública, que en los momentos presentes alcanza el 180% del PIB. Su postura es tan radical que condiciona su participación en el rescate a que esta reestructuración se lleve a cabo. Los planteamientos del FMI dan más credibilidad actualmente a la promesa. Sin embargo, la reunión del pasado lunes del Eurogrupo indica de forma clara que Merkel es absolutamente reacia, especialmente antes de que se celebren las elecciones de septiembre, a que sus ciudadanos tengan que asumir el coste; aunque en honor de la verdad no lo van hacer en un porcentaje mayor que el resto de los contribuyentes de la Eurozona.

Desde hace mucho tiempo todo el mundo está convencido de que antes o después, de buen grado o por la fuerza de los hechos, tendrá que realizarse una quita de la deuda pública griega. El problema es que sería la segunda y nadie garantiza que, de continuar con esta política suicida, sea la última. El endeudamiento público del país heleno en 2009 era del 120% del PIB, en la actualidad y después de la primera reestructuración y de las atrocidades y sufrimientos que se han infligido al pueblo griego, del 180%.

La expropiación de derechos y los atropellos a los que se ha sometido a la población griega pasan de los límites posibles en una sociedad democrática. Nunca se sabe hasta cuándo los ciudadanos están dispuestos a soportar. Las manifestaciones y huelgas generales se han multiplicado, y hoy en día las clases bajas y medias se han sumido más bien en la tristeza y en la desesperanza, pero la violencia puede estallar en cualquier momento, especialmente después del fiasco de Syriza.

Tsipras cometió dos errores. El primero, enfrentarse en solitario a Berlín, Bruselas y Frankfurt, si no se estaba dispuesto a llegar hasta el final, es decir, a la salida de Grecia de la Eurozona. El segundo, gobernar en esas pésimas condiciones, con lo que está quemando a su partido y cegando toda posibilidad de cambio en el país heleno. Algo parecido le sucedió a Zapatero en España.

En nuestro país las formaciones políticas de izquierdas deberían tomar nota y no tener tanta prisa en llegar al gobierno. La pertenencia a la Unión Monetaria dificulta, cuando no imposibilita, cualquier política de izquierdas. Si resulta forzoso aplicar la política de Bruselas, mejor que se queme la derecha, y que las formaciones políticas de izquierdas desde la oposición vendan caro su apoyo, doblen la mano al Gobierno y le obliguen a adoptar determinadas medidas que palien la situación, al tiempo que se trabaja para aunar fuerzas en Europa en el objetivo de romper la Eurozona y retornar a las monedas y políticas nacionales.

Jaque al Neoliberalimo

El Sistema Tributario cubano, explicado

Jessica Domínguez Delgado • 2 de Junio, 2017


LA HABANA. La Ley 122 del Presupuesto del Estado para el año 2017 aprobada por la Asamblea Nacional prevé que de los 54 mil 587 millones de pesos que tiene planificado gastar el Estado cubano, 39 mil 302 millones (75%) se ingresarán mediante tributos.

Aunque el principal aporte está del lado de las personas jurídicas –entre ellas empresas estatales, mixtas y extranjeras— se espera que Trabajadores por Cuenta Propia, Cooperativas no Agropecuarias y otras formas de gestión no estatal sumarán 4 mil 532,5 millones de pesos. Pero en Cuba todos los ciudadanos, de forma directa o indirecta, permanente o coyuntural, pagamos tributos.

A cinco años de la implementación de la Ley 113 del Sistema Tributario, y aunque no ha aplicado todas las obligaciones estipuladas, existe desconocimiento e inconformidades al respecto. Algunos elementos indican cierta inequidad en la distribución de la carga fiscal producto de la no aplicación homogénea del impuesto sobre ingresos personales y de las desventajas hacia determinados sectores. Además, el elevado peso de algunos impuestos, la complejidad técnica del tema, la dispersión e insuficiente accesibilidad legislativa, así como lo engorroso de algunos procesos, inciden en el impacto social del sistema tributario.

Si entendemos que los tributos son pagos que exige el Estado mediante la ley y lo recaudado por este concepto, independiente de quien los pague, se ingresa en el Presupuesto del Estado; entonces, la participación y el conocimiento ciudadano son imprescindibles: como mecanismo de control y como parte de una obligación social.

Esta es la manera en que los ciudadanos contribuyen a financiar las actividades públicas –salud, educación, deporte, defensa, entre otros—. Cada cual paga desde su capacidad contributiva, es decir, en dependencia de sus posibilidades, de forma que quien más tiene, contribuye con mayores sumas que luego se revierten en beneficios colectivos.

Quizás del que más información escuchamos es del impuesto sobre ingresos personales, pues su importancia y el número de personas con la obligación de pagarlo aumentan cada año; pero el Sistema Tributario cubano incluye 19 impuestos, tres tasas y tres contribuciones.


La aplicación de la ley se realiza de forma progresiva. Por ello, a pesar de estar establecidos los impuestos sobre la propiedad y posesión de tierras agrícolas, por la ociosidad de tierras agrícolas y forestales, y sobre la propiedad de las viviendas y solares yermos, estos todavía no se aplican.

En el caso de la tierra, su aplicación estaba dispuesta para 2014, pero aún no están disponibles los registros que certifican la propiedad y la ociosidad a cargo del Ministerio de la Agricultura. En el impuesto sobre la propiedad de viviendas y solares yermos, por ahora solo se aplica a aquellos que la adquirieron a través de empresas inmobiliarias. Cuando se generalice supondrá abonar el 2% del valor del inmueble de forma anual: una novedad para el contexto cubano.

Por ejemplo, si su casa está valorada en 14 mil pesos en moneda nacional, entonces usted tendrá que pagar 280 pesos al año. Lo complicado radica justamente en el valor de la propiedad que, a precios actuales y de mercado, es mucho más elevado.

Por otra parte, los ingresos provenientes de pagar los impuestos de Circulación — correspondiente a legislativas anteriores a la Ley 113 pero aún exigible a empresas estatales— y Ventas, son los de mayor recaudación tributaria con un valor de 17 mil 934 millones de pesos para este año.

Este impuesto lo pagan las personas naturales —trabajadores por cuenta propia— y las personas jurídicas —empresas—; pero todos los ciudadanos cuando compran puré de tomate, aceite, detergente o cualquier otro producto que adquieran en las Tiendas Recaudadoras de Divisas, mercados industriales, cafeterías u otro lugar pagan un impuesto de forma indirecta. Aunque la ley prohíbe el incremento de los precios minoristas, ese dinero se tiene en cuenta en la conformación de los precios y los ciudadanos lo pagan —por transitividad— con independencia de su capacidad contributiva.

“Hacer un amplio recorte de los gastos públicos no es una opción para el Estado cubano, sobre todo considerando que el 51% son en salud, asistencia social y educación, por tanto, hasta que no se recaude por otras vías, será difícil considerar eliminar este tipo de impuesto indirecto”, explica Saira Pons, profesora e investigadora del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

Otro conflicto asociado al tema es el polémico impuesto sobre los ingresos personales. Está establecido, entre otros, sobre los ingresos que se obtengan por el ejercicio de las actividades de trabajo por cuenta propia; el desarrollo de actividades intelectuales, artísticas y manuales o físicas; la prestación de servicios; los dividendos o participaciones de las utilidades en empresas; los salarios, las gratificaciones y otras remuneraciones o fuentes de ingresos como resultado del trabajo que generen ganancias en efectivo o en especie.

Este impuesto, que lo aportaban fundamentalmente los trabajadores por cuenta propia, los trabajadores contratados en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel y los artistas y creadores; desde octubre pasado, también lo pagan los trabajadores del sector estatal que ganen a partir de 2 mil 500 pesos.

En este último caso la cantidad que se deberá pagar será del tres por ciento de la remuneración, si esta oscila entre los dos mil 500 y cinco mil (CUP), y de un cinco por ciento para quienes superen los cinco mil pesos.

Para los trabajadores por cuenta propia —y las otras formas— se paga a partir de una Declaración Jurada donde se incluyen todos los ingresos que se percibieron durante el año, se les resta un mínimo exento de 10 mil pesos que son libres de impuesto y otros gastos —pagos anteriores a la ONAT y un por ciento de los gastos en los que incurrió—; luego se aplica una escala progresiva donde paga más en tanto mayores ingresos obtuvo.

¿Dónde radican los problemas? Primero, el mínimo exento, aunque duplica el salario medio, es bajo considerando los costos actuales. Segundo, y más complejo, el por ciento de gastos que se permite deducir no admite declarar todos los gastos, y no está acorde con todas las actividades.

A eso se suma el número de impuestos y la cantidad de dinero que hay que pagar: un trabajador por cuenta propia, no incluido en el régimen general, debe pagar una cuota mensual, un impuesto sobre ventas, el aporte a la seguridad social, más un impuesto por fuerza de trabajo —si tiene más de cinco empleados—, y además, al finalizar el año, el impuesto sobre ingresos personales. Aunque para algunos negocios de muy altos ingresos es posible llevar esto, el sistema prácticamente te conduce a la indisciplina.

“Los negocios por cuenta propia no son reconocidos ante la ley como empresas, aun cuando no existen restricciones para la contratación de fuerza de trabajo. Ello implica que todos los ingresos obtenidos son considerados personales, y por ende, quedan sujetos a obligaciones diferenciadas respecto a las utilidades de las empresas estatales, extranjeras o las cooperativas. Implica, además, que no es posible realizar deducciones específicas asociadas a la inversión, los costos de producción, los gastos de comercialización u otros típicos de la actividad empresarial”, explica Saira Pons.

Resulta necesario atemperar aún más la norma a la realidad social, a partir de las prerrogativas que tiene el Ministerio de Finanzas y Precios sobre todo en lo relativo a la actividad de trabajo por cuenta propia.

Además, hay cosas que se pudieran hacer para que el sistema sea más justo, explica Saira Pons: “En una situación ideal, para valorar efectivamente a quienes tienen mayor poder adquisitivo habría que considerar todas las fuentes de ingresos, lo que incluye las remesas de ayuda familiar del extranjero, los intereses por los depósitos bancarios, e incluso las pensiones y jubilaciones. La clave está en manejar el umbral exento de impuestos.

Evidentemente la persona que vive solo de su jubilación tendrá menor capacidad contributiva que aquella que recibe la jubilación, más remuneraciones por un contrato de trabajo, más remesas. Con lo cual, lo que hace la diferencia y define el poder adquisitivo no es la fuente del ingreso, sino el monto recibido por diversas vías. Claro está, los gastos mínimos necesarios no son los mismos para un adulto soltero que para un padre de familia. Por ello, en dicha situación ideal se podrían hacer declaraciones familiares, que considere personas dependientes como hijos y ancianos, o situaciones especiales como accidentes y desastres naturales.

“Lo mejor sería que todos los ciudadanos paguen impuestos sobre la totalidad de sus ingresos pues la tributación selectiva afecta la percepción de justicia del sistema, el impuesto es visto como una penalización sobre determinadas actividades, que no siempre tuvieron aceptación en el entorno de la Revolución”, agrega la especialista.

La existencia de regímenes especiales y complejos aumenta el costo de administración tributaria y puede ser fuente de privilegios y corrupción. El desconocimiento y la incomprensión del sistema por una parte considerable de la ciudadanía impiden el debate público y consciente de cuestiones pendientes en las leyes aprobadas y en vigor.

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El momento marxista

Bagehot Labor tiene razón: Karl Marx tiene mucho que enseñar a los políticos de hoy

El comentario del canciller de sombra provocó desprecio. Sin embargo, Marx se vuelve más relevante cada día



Edición impresa | Gran Bretaña 11 de mayo de 2017

Una regla no oficial de las elecciones británicas sostiene que no se menciona a los grandes pensadores. El 7 de mayo, John McDonnell, el canciller de la sombra, rompió esta regla al mencionar no sólo a cualquier viejo gran pensador, sino a Karl Marx. "Creo que hay mucho que aprender de la lectura ' El Capital'", declaró. Al día siguiente, Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista, describió a Marx como "un gran economista".

Esto produjo júbilo a la derecha. El diario Telégrafo calificó a los señores McDonnell y Corbyn como "los hermanos Marx". los de Diario El Correo recordó a sus lectores la historia asesina del comunismo. David Gauke, ministro conservador, advirtió que "el liderazgo marxista laborista" estaba planeando convertir a Gran Bretaña en un "experimento de izquierda dura". Añadió que el pensamiento de Marx es "absurdo".

Sin embargo, el señor McDonnell tiene razón: hay una enorme cantidad que aprender de Marx. De hecho, mucho de lo que Marx dijo que parece ser más relevante cada día. La esencia de su argumento es que la clase capitalista no son creadores de riqueza, sino  buscadores de rentas, personas que son capaces de expropiar el trabajo ajeno y presentarlo como propio. Marx era ciego a la importancia de los empresarios en la creación de algo de la nada. Ignoró el papel de los gerentes en la mejora de la productividad. Pero una mirada a los negocios británicos confirma que hay un montón de búsqueda de rentas en curso. En 1980 los jefes de las 100 empresas más grandes cotizadas ganaron 25 veces más que un empleado típico. En 2016 ganaron 130 veces más. Sus salarios hinchados vienen con las pensiones gordas, la atención sanitaria privada y los hellos y los goodbyes de oro.

La justificación de esta bonanza es que obtienes lo que pagas: las compañías dicen que contratan a ejecutivos en el mercado abierto y los pagan de acuerdo a su desempeño. Pero la evidencia es brutal. La mayoría de los CEOs son hombres de la compañía, que trabajan su manera para arriba a través de las filas, más bien que agentes libres. En el período 2000-08, el índice FTSE de todas las acciones cayó un 30%, pero el salario de los jefes que dirigían esas empresas aumentó un 80%. JK Galbraith dijo una vez que "el sueldo del director ejecutivo de la gran corporación no es recompensa del mercado por el logro. Con frecuencia, el individuo se muestra a sí mismo como un cálido gesto personal. "La Gran Bretaña corporativa es más sutil: los directores ejecutivos se sientan en las juntas de los demás y participan en un elaborado intercambio de dichos gestos.

El sistema político no está menos lleno de búsqueda de rentas. Los políticos rutinariamente cotizan en su vida de servicio público al transformarse de los guardabosques en cazadores furtivos cuando se retiran, cabildeando departamentos que una vez funcionaron, ofreciendo consejo a las compañías que regularon una vez y que producían discursos platitudinous para cantidades exorbitantes del dinero. Tony Blair se hizo rico en su retiro ofreciendo consejo a los banqueros ya los dictadores del tercer mundo. George Osborne, un ex canciller, también recibe dinero: gana más de £ 650,000 ($ 840,000) por trabajar para los gerentes de inversión de BlackRock un día a la semana, gana muchas decenas de miles para discursos y edita un periódico londinense Estándar de la tarde .

Marx predijo que el capitalismo se concentraría a medida que avanzaba. El número de empresas cotizadas ha disminuido en un momento en que los beneficios están cerca de sus niveles más altos de la historia. La concentración es particularmente pronunciada en los sectores más avanzados de la economía. Google controla el 85% del tráfico de motores de búsqueda de Gran Bretaña. Marx también tenía razón en que el capitalismo estaría cada vez más dominado por las finanzas, que serían cada vez más imprudentes y propensas a las crisis.

¿Qué hay de su predicción más famosa -que el capitalismo inevitablemente produce inmiseración para los pobres, aun cuando produce super-ganancias para los ricos? "Inmiseración" es una palabra demasiado fuerte para describir la condición de los pobres en un país con un estado de bienestar y un salario mínimo. Sin embargo, muchas tendencias son preocupantes. Los salarios medios siguen estando por debajo de su nivel anterior a la crisis financiera de 2008 y no se espera que la superen durante varios años. El aumento de la economía de Uber amenaza con convertir a millones de personas en trabajadores ocasionales que sólo comen lo que pueden matar.

Marx lleno

El problema con Marx no es que su análisis sea absurdo, como sostiene el Sr. Gauke, pero que su solución era mucho peor que la enfermedad. Y el problema con Corbyn y McDonnell no es que hayan aprendido algo de Marx, pero no han aprendido nada de los últimos cien años de historia. El Sr. McDonnell es un fan no sólo de Marx, sino también de Lenin y Trotsky. Corbyn describió a Fidel Castro como un "defensor de la justicia social". Un borrador filtrado del manifiesto laboral resucita los planes difuntos de renacionalizar las industrias y extender la negociación colectiva.

El partido conservador está dirigiendo hacia una victoria sustancial en gran parte porque los líderes laboristas son tan unreconstructed. Pero sería un error para los conservadores ignorar las lecciones del propio maestro. Como Trotsky dijo una vez: "Puede que no te interese la dialéctica, pero la dialéctica está interesada en ti". La crisis financiera sugirió que el sistema económico es preocupantemente frágil. La votación de Brexit sugirió que millones de personas están profundamente descontentas con el status quo.

El genio del sistema británico siempre ha sido la reforma con el fin de evitar la ruptura social. Esto significa hacer algo más que simplemente dedicarse a gestos tontos como fijar los precios de la energía, como los conservadores propusieron esta semana (tonto porque esto suprimirá la inversión y llevará eventualmente a precios más altos). Significa impedir que se formen los monopolios: las normas antimonopolio de Gran Bretaña deben actualizarse para una época en la que la información es el recurso más valioso y los efectos de red dan grandes ventajas. Significa poner fin a la raqueta de sueldos de los CEO, entre otras cosas, dando más poder a los accionistas. Significa pensar seriamente en la casualidad del trabajo. Y significa cerrar la puerta giratoria entre la política y los negocios. La mejor manera de salvarse de ser la próxima víctima de Marx es empezar a tomarlo en serio.
Este artículo apareció en el Gran Bretaña Sección de la edición impresa bajo el encabezado "El momento marxista"

El retorno de Karl Marx para entender lo que está pasando en el capitalismo avanzado

Vicenç Navarro, Público

En una de las columnas más conocidas del semanario The Economist, la columna Bagehot (a cargo de Adrian Wooldridge), se acaba de publicar un artículo en su número del 13 de mayo que sería impensable que apareciera en las páginas de cualquier revista económica de España de semejante orientación liberal a la que tiene tal semanario. En realidad, no solo en cualquier revista económica, sino en cualquiera de los mayores medios de información de este país (incluyendo Catalunya) tal tipo de artículo nunca podría haberse publicado.

Bajo el título El momento marxista, y el subtítulo Los laboristas llevan razón: Karl Marx tiene mucho que enseñar a los políticos de hoy en día, la columna Bagehot analiza el debate existente entre el dirigente del Partido Laborista del Reino Unido, el Sr. Jeremy Corbyn, y su ministro de Economía y Hacienda en la sombra, el Sr. John McDonnell, por un lado, y los dirigentes del Partido Conservador así como los rotativos conservadores Daily Telegraph y Daily Mail , por el otro. Definir tal intercambio como debate es, sin embargo, excesivamente generoso por parte de la columna Bagehot, pues la respuesta de los rotativos conservadores y de los dirigentes conservadores a los dirigentes laboristas es una burda, grosera e ignorante demonización de Marx y del marxismo, confundiendo marxismo con estalinismo, cosa que también se hace constantemente en los mayores medios de comunicación españoles, en su mayoría también de orientación conservadora o neoliberal.

Los aciertos de Marx según Bagehot, de The Economist 

Una vez descartados los argumentos de la derecha británica, la columna Bagehot pasa a discutir lo que considera las grandes profecías de Karl Marx (y así las define) para entender lo que está ocurriendo hoy en el mundo capitalista desarrollado, señalando que muchas de sus predicciones han resultado ser ciertas. Entre ellas señala que:

1. La clase capitalista (que en la columna Bagehot se insiste que continúa existiendo, aunque no se utilice tal término para definirla), que es la clase de los propietarios y gestores del gran capital productivo, está siendo sustituida –como anunció Marx- cada vez más por los propietarios y gestores del capital especulativo y financiero, que Marx (y la columna Bagehot) consideran parasitarios de la riqueza creada por el capital productivo. Esta clase parasitaria es la que, según dicha columna, domina al mundo del Capital, siendo tal situación la mayor responsable del “abusivo” y “escandaloso” (término que Bagehot utiliza) crecimiento de las desigualdades. Los primeros han conseguido cada vez más beneficios a costa de todos los demás. Y para mostrarlo, el columnista de The Economist señala que mientras en 1980 los chief executives de las 100 empresas británicas más importantes ingresaban 25 veces más que el típico empleado de sus empresas, hoy ganan 130 veces más. Los equipos dirigentes de tales entidades inflaron sus ingresos a costa de sus empleados, recibiendo a la vez pagos (además del salario), de las empresas a través de acciones, pensiones y otros privilegios y beneficios. De nuevo, la columna Bagehot, señala que Marx ya lo predijo y así ocurrió. Es más, la columna Bagehot descarta el argumento que tales remuneraciones se deban a lo que el mercado de talentos exige, pues la mayoría de estos salarios escandalosos de los ejecutivos se los han atribuido ellos mismos, a través del contacto que tienen en los Comités Ejecutivos (Executive Boards) de las empresas.

Marx llevaba bastante razón 

2. Marx y Bagehot cuestionan la legitimidad de los estados, instrumentalizados por los poderes financieros y económicos. La evidencia acumulada muestra que el maridaje del poder económico y político ha caracterizado la naturaleza de los Estados. La columna Bagehot hace referencia, por ejemplo, al caso Blair (dirigente de la 3ª Vía), que de dirigente del Partido Laborista, una vez dejado el cargo político, pasó a ser asesor de entidades financieras y de regímenes impresentables. En España podríamos añadir una larga lista de expolíticos que hoy trabajan para las grandes empresas, poniendo a su servicio todo el conocimiento y contactos adquiridos durante su cargo político.

3. Otra característica del capitalismo predecida por Marx –según la columna Bagehot- es la creciente monopolización del capital, tanto productivo como especulativo, que está ocurriendo en los países capitalistas más desarrollados. Bagehot señala como tal monopolización ha ido ocurriendo.

4. Y, por si no fuera poco, Bagehot señala que Marx también llevaba razón cuando señaló que el capitalismo por sí mismo crea la pobreza a través del descenso salarial. En realidad, Bagehot aclara que Marx hablaba de “inmiseración”, que es –según el columnista- un término algo exagerado pero cierto en su esencia, pues según tal columnista los salarios han ido bajando y bajando desde que empezó la crisis en 2008, de manera tal que, al ritmo actual, la tan cacareada recuperación no permitirá que se alcancen los niveles de empleo y nivel salarial de antes de la Gran Recesión en muchos años.

Es más, además de estas grandes predicciones, la columna Bagehot afirma que la presente crisis no se puede entender sin entender los cambios dentro del capital, por un lado, y el crecimiento de la explotación de la clase trabajadora, por el otro, tal como señaló Marx.

¿Se imagina el lector a algún gran diario español, sea o no económico, que hubiera permitido un artículo como este? The Economist es el semanario liberal más importante del mundo. Y promueve tal ideología. Pero algunos de sus principales columnistas son capaces de aceptar que, después de todo, Marx, el mayor crítico que ha tenido el capitalismo, llevaba bastante razón. Sería, repito, impensable que en este país, tan escorado a la derecha como resultado de una transición inmodélica de una dictadura fascista a una democracia tan limitada, no solo un rotativo liberal, sino cualquier mayor rotativo, publicara tal artículo con el tono y análisis que lo hace una de las mayores columnas de tal rotativo, firmada por uno de los liberales más activos y conocidos. Esta columna y la persona que está a cargo de ella, sin embargo, no se han convertido al marxismo. Pero reconocen que el marxismo –que en este país ha sido definido por algunas voces como anticuado, irrelevante o cosas peores- es una herramienta esencial para entender la crisis actual. En realidad, no son los primeros que lo han hecho. Otros economistas han reconocido esta realidad aunque, por regla general, tales economistas no se enmarcan en la sensibilidad liberal. Paul Krugman, uno de los economistas keynesianos más conocidos hoy en el mundo, dijo recientemente que el economista que mejor había predicho y analizado las periódicas crisis del capitalismo, como la actual, había sido Michał Kalecki, que perteneció a tal tradición.

Donde la columna Bagehot se equivoca, sin embargo, es al final del artículo, cuando atribuye a Marx políticas llevadas a cabo por algunos de sus seguidores. Confundiendo marxismo con leninismo, la columna concluye que la respuesta histórica y la solución que Marx propone serían un desastre. Ahora bien, que el leninismo tuviera una base en el marxismo no quiere decir que todo marxismo fuera leninista, error frecuentemente cometido por autores poco familiarizados con la literatura científica de dicha tradición. En realidad, Marx dejó para el final su tercer volumen, que tenía que centrarse precisamente en el análisis del Estado. Por desgracia, nunca pudo iniciarlo. Pero lo que sí que escribió sobre la naturaleza del capitalismo ha resultado bastante acertado, de manera tal que no se puede entender la crisis sin recurrir a sus categorías analíticas. La evidencia de ello es claramente contundente y el gran interés que ha aparecido en el mundo académico e intelectual anglosajón, y sobre todo en EEUU y el Reino Unido (donde se publica The Economist), es un indicador de ello. Pero me temo que lo que está ocurriendo en aquellas partes del mundo no lo verá en este país, donde los mayores medios de información son predominantemente de desinformación y persuasión.

(Tomado Jaque al Neoliberalismo)

No es una buena noticia que EE UU se retire de París



Image: REUTERS/Philippe Wojazer - RTX32PTQ
Con la colaboración de ESADE
02 jun 2017
Enric R.Bartlett Castellá Profesor de Derecho Público, ESADE Business & Law School (Universidad Ramón Llull)

La eventual retirada de EEUU del Acuerdo de Paris COP 21 no es una buena noticia. No lo es para combatir el cambio climático. No lo es para la organización de Naciones Unidas, en cuyo marco se adoptó. No lo es para un mundo con problemas que no conocen de fronteras políticas y que requieren respuestas concertadas de muchos estados. En su libro “La gran convergencia”, Kishore Mahbubani, decano de la Facultad de Política Pública de Singapur y exembajador de aquel Estado ante NNUU, dice que todos los habitantes del mundo viajamos en un gran transatlántico; pero que en el puente hay 193 capitanes nombrados por otros tantos estados. Cada uno, da órdenes a una tripulación distinta. Se requieren mecanismos para acordar el rumbo y que el buque avance con buena velocidad y seguro.

Es evidente que hay capitanes que mandan más que otros. Es el caso del presidente norteamericano; pero ni él, puede fijar el rumbo solo. Por los otros capitanes y, Dios salve a los EEUU, porque son una gran Democracia en la que su tripulación tiene mucho que decir. Veamos algunos ejemplos de esto último.

A la vista de los hachazos que el proyecto de presupuesto enviado por la Casa Blanca propina a las partidas dedicas a la Agencia del Medio Ambiente o a la de la Energía, básicas en el diseño y aplicación de las políticas para lograr la transición energética que haga posible evitar el incremento de las temperaturas; diversos congresistas, republicanos y demócratas, han recordado que el presupuesto federal lo aprueban ellos. Será importante ver qué presupuesto se aprueba.

La pretensión de demorar indefinidamente la aplicación de la regulación de la Administración Obama para reducir las emisiones de CO2 y otros gases en las plantas de generación eléctrica “Clean Power Plan”, está siendo discutida en el tribunal de apelaciones del distrito de Columbia. Los favorables a la regulación (diversos estados como el de Nueva York, asociaciones empresariales y ONG’s) sostienen que si la nueva administración quiere hacer cambios, que los haga y ya tendrán ocasión de combatirlos en los tribunales; pero que mientras, la cumpla. Los contrarios (otros estados, Oklahoma por ejemplo, y otras asociaciones) abogan por suspender la aplicación mientras se estudia su revisión. Cuál sea el sentido de la resolución judicial, será trascendente.

Casi 30 estados federados han aprobado leyes, con estándares y calendarios, con el propósito de expandir la producción eléctrica eólica y solar. En California, su parlamento ha fijado que en 2020 las emisiones de gases efecto invernadero, han de ser como las del año 1990. El 2030, el 40% por debajo y el 2050, el 80% por debajo. Combinando eficiencia energética y las renovables: todas las casas han de tener balance energético cero el 2020.

Esta misma semana, en el proceso de confirmación de altos cargos de la Administración Trump, senadores de ambos lados del pasillo han exigido que se respeten las decisiones de los estados de la federación, en materia energética.

En el sector privado, tan importante y aún más en EEUU, también esta semana, la junta general de accionistas de ExxonMobil, la mayor compañía petrolera del mundo, con el 62% de votos a favor, ha acordado que el Consejo de administración debe analizar y hacer públicos los riesgos que el cambio climático supone para su actividad. También, 1100 grandes empresas y 280 inversores globales han dirigido al Presidente de EEUU la petición de que no se retirara del acuerdo de Paris y a la vez, han dicho que sus modelos de negocio, en cualquier caso, lo seguirán aplicando ya que operan globalmente.

Pero orden, contra orden, igual a desorden. Lo que debiera ser un esfuerzo compartido se puede convertir en un sinfín de batallas jurídicas internas y guerras comerciales internacionales. El 26 de Abril, el premier de la provincia canadiense de British Columbia pidió formalmente al primer ministro de Canadá, que prohíba la exportación de carbón norteamericano a través de sus puertos, como respuesta a las tarifas que la nueva Administración EEUU ha impuesto a sus pellets de biomasa.

De eso a propuestas de impuestos sobre las exportaciones de EEUU a otros mercados, como el europeo, para equiparar los costes que otros productores soportan para, ellos sí, cumplir con los acuerdos COP21, no hay una gran distancia.

Sería inteligente que, como viajeros-tripulantes de ese transatlántico llamado Tierra, nos ahorráramos luchas entre cubiertas y motines abordo; pero ahora mismo, no depende de la tripulación española, ni de su capitán. En cambio, sí que sólo nos corresponde a nosotros decidir si queremos apostar a la ruleta de lo que puede pasarle a nuestro planeta, si los negacionistas del cambio climático que rodean al presidente americano están equivocados, como dice la inmensa mayoría de la comunidad científica.

Sí que nos corresponde a nosotros tener un plan de transición energética, con objetivos y calendario. Sí que es nuestra responsabilidad abordar cómo produciremos la energía que las centrales nucleares en España dejarán de generar, si respetamos los plazos de las licencias de funcionamiento que se les otorgaron. También lo es, decidir si vamos a aprovechar el potencial de generación solar que nuestro clima permite o si, a falta de aquel plan de transición y de un sistema armónicamente diseñado, vamos a seguir parcheando y poniendo dificultades a su desarrollo.


Publicado originalmente en Cinco Días, 2 de Junio de 2017