martes, 30 de mayo de 2017

¿Rima prosperidad con prioridad?

Por Pedro Monreal, El estado como tal.

¿Es la prosperidad la más importante de las seis características con las que se define “la visión de la nación” en Cuba?; ¿Debería serlo?



Actualmente, “la visión de la nación” se delimita con cinco características: soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible. Esto pudiera plantear un problema práctico.
Ubicaría, en un mismo nivel de importancia, un anhelo popular clave como la prosperidad con otros aspectos que deberían funcionar principalmente como medios para alcanzar la prosperidad. Los medios son importantes, sin duda, pero los fines son aún más importantes. Proveen la razón de las acciones humanas y son la “brújula” moral y práctica de estas.
Tomemos, por ejemplo, el caso del socialismo. Desde el punto de vista de la teoría marxista clásica, las condiciones socialistas de funcionamiento de la economía y de la sociedad aportarían abundancia material y con ello la creación de una nueva mentalidad a partir de las cuales se fundamentarían las bases de la sociedad comunista.
En palabras de Engels, la organización socialista de la producción “será la condición y la causa de un mayor progreso”. Federico Engels, Principios de Comunismo (1847). En mi opinión, quedaría claro que –según esa perspectiva- el socialismo funcionaria como un medio para alcanzar un fin: la abundancia, la prosperidad, el progreso, o cualquier otro término similar. Me queda claro que una cosa es la teoría y otra muy diferente es la práctica, pero aquí me limito intencionalmente al plano teórico.
Obviamente, cada quien puede asignarle las características que estime conveniente a una visión determinada de la nación. También algunos pudieran considerar que el socialismo es un fin en sí mismo, pero en realidad ese no es el problema al que me refiero. La principal diferencia que existiría entre el país que debería resultar de la actual “visión de la nación” y el país que hoy existe, sería la prosperidad. Los otros cinco componentes de la “visión”, incluyendo la democracia, que obviamente se asume en “la visión” como democracia socialista, pudieran ser “actualizados”, pero ya todos ellos existen en la Cuba actual.
A diferencia de esto, es en materia de prosperidad donde se necesitaría una transformación sustancial. La “visión” evoca una nación próspera en el futuro, algo que Cuba no es hoy.
Particularmente prefiero el término de prosperidad compartida, para poder indicar un componente de justicia social que modestamente considero que también debió haber sido incluido en la “visión de la nación”.
Cualquier discusión sobre “la visión de la nación” no debería dejar “en el aire” –sin medir- algo tan importante como la prosperidad. En notas anteriores he expresado que, a falta de un mejor indicador, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) ofrece una medición multidimensional, y a la vez sintética, de la prosperidad. Ver aquí “¿Cuánta prosperidad es necesaria para el desarrollo de Cuba?”
A la gente no le interesa que se declare en abstracto que la nación será próspera, sino que les interesan dos cosas: en primer lugar, cuándo y a qué ritmo se avanzaría hacia la prosperidad nacional; y en segundo lugar, cuánto de esa prosperidad nacional “les va a tocar” a ellos. Lo primero puede medirse con el IDH, lo segundo se mide con un indicador de distribución del ingreso, como pudiera ser el índice de Gini.
Quizás a algunos les parezca excesiva mi insistencia con el IDH y con el índice de Gini, pero la verdad es que no puede tenerse una conversación seria sobre la prosperidad de los ciudadanos cubanos si no se hacen “las cuentas claras” de la prosperidad. En ausencia de tal precisión, la discusión tiende a convertirse rápidamente en una arenga abstracta sobre la felicidad humana.
Por ejemplo, conociendo que el IDH de Cuba es actualmente de 0,775 pudiera adoptarse como posible meta de prosperidad para Cuba un IDH de 0,800, que es el nivel mínimo para alcanzar la categoría de país desarrollado.Ver nota al final del texto.
Probablemente pudiera parecer una exageración adoptar una meta precisa de prosperidad, pero este es un punto donde conviene no hacerse ilusiones. O se adoptan metas ambiciosas que sean medibles y por las cuales deban responder los funcionarios, o se corre el riesgo de diseñar un esquema ambiguo de desarrollo, quizás cargado con una narrativa florida, pero poco relevante.
Asumiendo que los componentes de salud y de educación del IDH de Cuba se mantuviesen constantes, el proceso de desarrollo se decidiría entonces por la evolución del índice de ingreso del IDH (calculado sobre la base del Ingreso Nacional Bruto per cápita, INB), que a su vez dependería de la tasa de crecimiento económico. A su vez, el crecimiento dependería de poder cerrar el “agujero” de inversión anual de aproximadamente 10 mil millones de pesos.
Póngase la narrativa que se ponga, hágase el discurso que se desee, si esos números no “cuadran”, no habrá desarrollo nacional. No es lo único que se requiere, obviamente, pero sin eso lo demás no va a llegar. En el proceso de desarrollo no tiene cabida el “pensamiento mágico”.
El siguiente grafico identifica cuatro posibles trayectoria alternativas hacia un IDH de 0,800, que –al menos estadísticamente- colocaría a Cuba en la categoría de país desarrollado, de acuerdo con la metodología del IDH. En dependencia de la tasa de crecimiento, el IDH de 0,800 se alcanzaría en plazos distintos. Con una tasa anual de 7% tomaría 6 años, con un crecimiento de 2,5% demoraría 17 años.
El gobierno cubano pudiera seleccionar una, o más de una de esas trayectorias, y adoptarlas como metas concretas de prosperidad para guiar las políticas de desarrollo del país.
Grafico variantes IDH Cuba.docx
Nota: Cálculos del autor. Fuente: Informe sobre Desarrollo Humano 2016. PNUD.
Alcanzar un IDH de 0,800 equivaldría a incrementar el Ingreso Nacional Bruto per cápita (INB) de Cuba, desde su nivel actual de 7455 dólares hasta un nivel aproximado de 11500 dólares.
El otro indicador importante que habría que tener en consideración es el índice de Gini, que mide la distribución del ingreso. En ese sentido, proponerse una meta de reducir el índice de Gini hasta un nivel de 0,32 permitiría asegurar que la prosperidad resultante del crecimiento económico pudiera ser distribuida de acuerdo con un criterio de justicia social (prosperidad compartida).
Una de las variantes posibles de distribución del ingreso indica que un índice de 0,32 sería compatible, por ejemplo, con un patrón de distribución donde el 95 por ciento de la población con menos ingresos reciba el 90,5 por ciento de los ingresos totales, lo cual indica una distribución razonablemente equitativa del ingreso nacional.
Resumiendo: considero que la discusión sobre la prosperidad debe incluir cuatro “elementos de repetición” que nos obliguen a mantener una perspectiva adecuada sobre el tema:
a) no debe hacerse en abstracto ( sería un debate irrelevante);
b) debe basarse en el crecimiento económico (perspectiva materialista);
c) debe medirse de una manera relativamente amplia, por ejemplo, mediante el IDH (para reflejar la complejidad social de la prosperidad); y
d) debe incluir una medición de la distribución equitativa del ingreso (perspectiva de justicia social).
Nota: El IDH es un indicador compuesto que toma como base tres índices y que se calcula como la “media geométrica” de estos. En el caso de Cuba, los niveles actuales de esos índices son los siguientes: Índice de salud = 0,9169; Índice de educación = 0,7794; e Índice de ingresos = 0,6512.

La cuestión de los intereses del pueblo cubano

Ricardo Torres • 30 de Mayo, 2017



LA HABANA. En diciembre de 2017, se estarán cumpliendo tres años de los anuncios realizados por los gobiernos de Cuba y Estados Unidos. Estos acontecimientos suponen la mayor ruptura al “status quo” que se había establecido entre ambas naciones durante casi seis décadas. Son llamativos por el hecho en sí mismo, pues aunque era esperable que algo como eso ocurriera en algún momento y habían cambiado muchas cosas desde entonces, nada realmente cambiaba.

El simbolismo y la importancia de esos hechos han propiciado una explosión de literatura, análisis, debates y eventos de todo tipo. Este trabajo no va a enumerar la lista de acuerdos firmados ni las empresas de ese país que tienen negocios en Cuba. Cabe apuntar que es posible que los gobiernos de entonces hayan cometido un error estratégico durante la ventana de oportunidad de dos años que tuvieron a su disposición para cimentar esta relación. Ambas partes asumieron con demasiada certeza y premura el supuesto de que contarían con al menos cuatro años más para continuar limando asperezas y construir confianza. Lamentablemente, esa ilusión se evaporó el 8 de noviembre de 2016. En el fondo, todo el mundo sabe que en una elección entre dos candidatos a cada uno le corresponde una probabilidad del 50%, que se vuelve aún más incierta en el peculiar modelo electoral norteamericano. La sorpresa terminó en un maratón diplomático entre diciembre de 2016 y enero de 2017, cuando la administración de Obama terminaba su mandato.

Ahora soplan vientos de cambio, y uno no puede sino sorprenderse de la acumulación de argumentos vencidos que se han diseminado para torcer lo desandado en los dos años anteriores. Un sector minoritario en Estados Unidos viene sosteniendo que las políticas de Obama constituyen una concesión al gobierno cubano. Se habla de que el turismo internacional favorece solamente a los militares y que todos los recursos que se generan van a parar a manos del Estado. También se dice que Cuba nacionalizó muchas propiedades y que es una dictadura, lo que requiere cierto tipo de tratamiento especial de parte de ese país. Hay que reconocer que la creatividad de ciertos sectores es infinita.

A lo largo de sesenta años los argumentos para sostener las sanciones se han movido desde las nacionalizaciones (cuyas compensaciones el gobierno de Estados Unidos siempre se rehusó a negociar como parte del desconocimiento del gobierno cubano y la apuesta por el cambio de régimen), el apoyo a las guerrillas progresistas, la conversión en un satélite soviético, la protección y fomento al terrorismo, las violaciones a los derechos humanos, la reticencia a promover el desarrollo del sector privado, entre otras muchas. Cada vez que alguno se agota, se recurre a un sucesor.

El discurso público sostiene que todo esto se hace para “liberar” al pueblo cubano y defender sus “intereses”. Uno se pregunta a qué proporción del pueblo cubano le estarán preguntando sobre sus verdaderos intereses. Como parte de ese fenómeno, uno a menudo escucha a varios políticos hablando de una Cuba y un pueblo que no conocen. Es realmente increíble la ignorancia mutua que gobierna el discurso desde ambas orillas. Cada una se resiste a aceptar que estas imágenes estereotipadas no constituyen una buena base para un vínculo saludable.

Desafortunadamente, la Guerra Fría y su impronta han venido a contaminar excesivamente unos lazos históricos con episodios desagradables. Pero claro, se sabe que las sanciones, el aislamiento y el castigo sí sirven a unos intereses, en este caso unos muy estrechos de una exigua minoría, que rayan casi en la revancha y la venganza. No los del pueblo norteamericano, y muchos menos los del pueblo cubano.

De este lado del Estrecho también hay cuestiones que requieren una discusión seria. Algunos sectores en Cuba se han opuesto vehementemente al acercamiento a Estados Unidos sobre la base de sostener que es imposible alcanzar relaciones “normales” con tal vecino. Están frescos todavía los acontecimientos que rodearon a la visita del presidente Obama, y el desenfoque que produjo en el adelantamiento de este proceso.

Pero hay un pequeño detalle que se deja fuera del análisis. Si lo que algunos consideran normalidad es una quimera, ¿cómo exactamente se imaginan que Cuba puede mejorar sus relaciones con Estados Unidos? ¿Qué sería suficientemente bueno para esos sectores y cuál sería la trayectoria óptima para hacerlo posible? La conclusión es que solo estaremos satisfechos si los norteamericanos expresan su devoción por el Partido Comunista y aceptan reparar los costos del embargo con intereses, incluyendo la retirada de Guantánamo, a cambio de nada.

Probablemente eso demuestra un nacionalismo devoto incuestionable, pero es un absurdo en la realidad geopolítica cubana. Algo como eso nunca va a ocurrir. Sería más provechoso empezarnos a imaginar cómo puede iniciarse la construcción de una relación “más balanceada” con un país que ocupa una posición singular en el mundo, y que está a noventa millas de nuestras costas, lo que lo convierte inevitablemente en un socio que no puede ser ignorado para siempre. Es difícil imaginar alguna nación, en primer lugar aquellas cercanas a Estados Unidos, que no tengan reservas en relación a la manera en que los estadounidenses conducen sus vínculos en el ámbito internacional.

Es bien conocido que aún dentro del limitado marco actual, ya Estados Unidos ocupa una posición relevante dentro del panorama económico de esta Isla. Piénsese en el comercio (sobre todo la importación de alimentos), el turismo internacional, las remesas, las telecomunicaciones, el intercambio académico y científico, y el aprovisionamiento que se trae desde ese país, y el efecto combinado llega a varios miles de millones de dólares. El levantamiento del bloqueo, sin lugar a dudas multiplicará esas posibilidades varias veces, y lo hará probablemente muy rápido.

Por si fuera poco, varios aspectos de nuestra realidad tampoco contribuyen a crear una relación más balanceada. Una economía vulnerable, que carece de los mecanismos para insertarse adecuadamente en el mundo actual no es necesariamente un activo en la mesa de negociaciones. La capacidad de absorción de nuestro lado es muy cuestionable. Mírese lo que ya sucede con el turismo internacional, en un escenario que todavía arroja números conservadores en relación al potencial. Por otro lado, la casi ausencia de un debate serio sobre la realidad norteamericana, que evite los extremos del exilio o la propaganda ideológica no propicia una base objetiva para avanzar.

La desconfianza de Cuba no es infundada, tiene hondas raíces históricas. La enorme asimetría entre nuestros países refuerza el temor a la dependencia económica, a una posición subalterna, que son causas legítimas del pueblo cubano. Nuestra historia ha mostrado en demasiadas ocasiones que hemos salido muy mal parados de esas situaciones. La influencia económica puede conducir al apalancamiento político. Todo ello requiere la debida atención, pero otras cuestiones también deben ser tenidas en cuenta. Los verdaderos intereses del pueblo cubano, resumidos en loables aspiraciones de prosperidad, tolerancia y participación no deberían ser secuestrados por un discurso político desactualizado. Las jóvenes generaciones de cubanos están mirando atentamente. Es frustrante que se hable tanto del pueblo cubano y de sus intereses y se le pregunte y escuche tan poco.

A la nueva administración solo le bastaría poner en práctica lo que discutió recientemente el Secretario Tillerson en el Departamento de Estado, cuando refirió que Estados Unidos no debe imponer sus valores a otras naciones. A los de este lado, comenzar a imaginarse un mundo en el que podamos coexistir civilizadamente con Estados Unidos, incluso en su calidad de gran potencia internacional.

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A pie de obra, para devolver el agua a su cauce habitual

Lauren Céspedes Hernández • 30 de Mayo, 2017


A pie de obra, más de un centenar de obreros –en retroexcavadoras, buldoceres, camiones de volteo, grúas y máquinas de soldar– trabajan ininterrumpidamente en las cercanías de Quivicán, provincia de Mayabeque, zona donde se produjo hace cinco días la avería técnica de la conductora Cuenca Sur de La Habana, la mayor tubería que traslada y abastece agua a la capital.

La situación ayer en la tarde, según informó Javier Toledo Tápanes, delegado provincial de Recursos Hidráulicos, es que aun cuando las labores de recuperación fueron inmediatas, por la envergadura de la rotura, no se ha podido restablecer el tramo dañado.

El especialista explicó que la conductora de 79 pulgadas de diámetro –que abastece con 3 000 litros por segundo a los municipios del centro de la ciudad (Habana Vieja, Centro Habana, Plaza de la Revolución, Cerro y Diez de Octubre) y una parte de Boyeros– data de más de 60 años de explotación y tiene malas condiciones de los metales en su recubrimiento interior.

Toledo Tápanes señaló que había un kilómetro del conducto totalmente afectado. «Para solucionarlo lo que estamos haciendo es sustituir el tubo averiado por dos líneas paralelas, de doble tubería de Polietileno de Alta Densidad (PAD) de 900 milímetros cada una, las cuales se conectarán a la parte no descompuesta», argumentó.

El especialista refirió que es una obra compleja, sobre todo, por el volumen de trabajo que requiere. «La sustitución demanda, en términos de medida, cuatro kilómetros de tubería PAD, y cada uno de ellos se completa con 84 tubos que son trasladados apenas de tres en tres en rastras», acotó.

A ello se le suma el no menos arduo trabajo de soldar, excavar y mover la tierra. Sin embargo más allá de su complejidad o costo económico –se calculan varios millones– reconoció el directivo que lo más importante y por lo que están trabajando fuerzas conjuntas de Recursos Hidráulicos, la Empresa de Acueducto Aguas de La Habana, los contingentes Blas Roca y Raúl Roa, Empresa Cupet y otros organismos; es por restablecer en el menor tiempo posible un servicio tan vital como este.

En tal sentido subrayó que diariamente laboran en la obra entre 150 y 200 personas, en turnos rotativos que oscilan entre las 12 y las 14 horas. «Si continuamos a este ritmo y no surgen situaciones imprevistas mayores, debemos conectar las dos primeras líneas de tuberías el jueves 1ro. de junio. A partir de ese día tendríamos un nivel superior de agua disponible para el abasto, pero quedaría un déficit pues solo la mitad de flujo, que normalmente se garantiza por esta fuente, estaría circulando», aclaró.

Con ello, añadió, se reajustarán nuevamente los ciclos y cantidad de horas de bombeo del agua hasta que finalmente se puedan conectar las otras dos líneas de tuberías y restaurar el servicio al ciento por ciento.

Mientras tanto, desde el día en que ocurrió la rotura hasta hoy, se han tomado al unísono de las acciones de recuperación, medidas emergentes para no dejar de proveer a la población de los municipios comprometidos.

Tápanes refirió que a partir de la interconexión que existe entre las grandes conductoras como cuenca Cosculluela, Ariguanabo y el Gato, ha sido posible traspasar agua a los territorios del centro de la ciudad.

Por tanto, precisó, los municipios que normalmente se abastecen de estas fuentes de agua también han tenido su afectación, en la medida que reajustaron sus ciclos para compensar el déficit.

Al Cotorro y Arroyo Naranjo hasta el momento, aseguró, se les está distribuyendo en el margen de tiempo habitual, mientras que a Guanabacoa, Habana del Este, La Lisa y una parte de la población de Playa y Marianao les llegará un día sí y dos no. El otro grupo de residentes de estos dos últimos municipios lo que tienen es un ajuste de horario, o sea acortamiento del tiempo de bombeo.

«Estamos tratando de equilibrar el periodo de distribución de manera que no exceda los tres días sin servicio. No obstante hay zonas altas en las que, al ser el caudal y la presión menor, el agua no llegará por la red y para esos casos se utilizarán los carros cisternas», puntualizó Tápanes.

Por otra parte, hay determinados circuitos en los municipios afectados, que les está llegando el agua a diario pues en tales zonas se encuentran ubicados hospitales y se ha tratado proteger el servicio allí.

Foto de portada: Recorrido por las zonas de la Cuenca Sur donde ocurrió la afectación de la conductora de agua para la capital / Jose M. Correa.

(Tomado de Granma)