sábado, 20 de mayo de 2017

Proyecto agroecológico cubano aparece en compendio digital

Es el Programa de Innovación Agropecuaria Local, que socializa investigaciones y audiovisuales en el producto llamado Mi Mochila.

 Redacción IPS Cuba 20 Mayo, 2017

El proyecto Pial promueve la agroecología y la participación campesina en 11 provincias de Cuba.

La Habana, 20 may.- El Programa de Innovación Agropecuaria Local (PIAL), que actúa en 45 municipios y 11 provincias del país, socializa por nuevas vías información sobre agroecología a productores, productoras, personas vinculadas a la investigación, decisores y la población en general.

Publicaciones, audiovisuales, aplicaciones y multimedias forman parte de los contenidos que circulan, desde el pasado 9 de mayo, en Mi Mochila, un compendio digital elaborado por la Dirección de Programas Especiales de los Joven Club de Computación y Electrónica, pertenecientes al Ministerio de Comunicaciones.

Las dos carpetas que aparecen online hasta el momento contienen ejemplos de buenas prácticas de innovación agropecuaria, resultados de investigaciones y artículos científicos sobre desarrollo local, enfrentamiento a desastres naturales, pesca en la plataforma marina, entre otros tópicos.


En los Joven Club de Computación y Electrónica de cada provincia también se puede enriquecer el contenido.

“La idea surgió en una breve sesión de trabajo de los equipos de comunicación y gestión del conocimiento del programa, realizada durante el Encuentro Nacional de Innovación, efectuado en diciembre pasado, en el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas”, comentó a la Redacción IPS Cuba Tamara Roselló, integrante del grupo gestor de PIAL.

“Alguien habló sobre la posibilidad de incorporar los materiales a Mi Mochila, como vía alternativa de distribución, pues por lo general solo circulan entre las personas e instituciones vinculadas al proyecto”, precisó.

Agregó, además, que habían valorado la posibilidad de insertarse “en el Paquete Semanal (mecanismo privado de distribución off line de información digital con alcance nacional), pero al escuchar que estaría disponible este otro canal, nos pareció una buena opción”.

La especialista en comunicación para el desarrollo refirió que la elaboración de la primera propuesta fue muy espontánea y al llamado respondieron “colegas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Asociación Cubana de Producción Animal”.

“Cuando estuvo lista sugerimos al equipo de Mi Mochila incluir entre las sugerencias esta nueva carpeta, que se publicó justo en la semana previa al Día del Campesinado cubano (17 de mayo)”, puntualizó Roselló.

También explicó que “en las siguientes actualizaciones semanales (esa era la edición 18) se subirán otros materiales”.

Al respecto, afirmó que su anhelo es “que más personas, instituciones, proyectos, asociaciones aporten cuanto tengan al perfil de las innovaciones agropecuarias locales al servicio Mochila”.


En PIAL la participación de las mujeres es esencial. Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Asimismo, informó que a través de las redes sociales convidan a las personas a que “aporten más productos comunicativos útiles para productores y productoras u otros que reflejen el protagonismo de mujeres y hombres en el campo cubano”.

Añadió que “en las sedes provinciales de los Joven Club de Computación y Electrónica también se puede enriquecer el contenido, porque la Mochila tiene alcance nacional”.

PIAL es un proyecto de agricultura ecológica y participación campesina, que desde el 2000 coordina el estatal Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas con el apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación.

Entre los principales objetivos del programa se encuentran los de consolidar e institucionalizar el Sistema de Innovación Agropecuaria Local (SIAL) en cada uno de los territorios donde actúa la iniciativa.

Por su parte, la Mochila surgió como “una opción de entretenimiento para todas las edades y funciona como un canal de televisión no tradicional”, donde las personas pueden “crear su propia programación”, según alude el grupo gestor en su bitácora.

El paquete cultural está compuesto por 13 carpetas que incluyen textos educativos, cursos, juegos, revistas y periódicos, películas, series, música, video clips, aplicaciones para computadoras y móviles, entre otras opciones. (2017)

¿Qué les pasa a los republicanos?

Si hubiese dos partidos patriotas en EE UU, la destitución de Trump ya estaría en marcha


El presidente de la Cámara de Representantes de EE UU, Paul Ryan. J. SCOTT APPLEWHITE AP

Paul Ryan celebró una conferencia de prensa el miércoles tras la revelación de que Donald Trump había presionado a James Comey para que abortase la investigación sobre Michael Flynn (ya saben, el tipo al que Trump nombró asesor de seguridad nacional a pesar de que su equipo sabía que se estaban investigando los sospechosos vínculos extranjeros de Flynn).

Enfrentado a las preguntas sobre el escándalo de Flynn y el cese de Comey, Ryan las despachó diciendo: "No me preocupan las cosas que están fuera de mi control".

Podría parecer una filosofía razonable, a no ser que uno sepa que Ryan es presidente de la Cámara de Representantes, un cuerpo legislativo con la facultad de emitir citaciones, obligar a prestar testimonio y, sí, someter al presidente a un proceso de destitución. De hecho, según la Constitución, Ryan y sus compañeros del Congreso son efectivamente el único control sobre un jefe del Ejecutivo corrupto.

Sin embargo, ha quedado tristemente claro que los republicanos no tienen intención de ejercer ninguna supervisión real sobre un presidente que, evidentemente, sufre inestabilidad emocional, da la impresión de tener problemas cognitivos e imita muy bien a un agente de una potencia extranjera hostil.

Antes unos malos resultados en los sondeos de opinión, es posible que hagan algún ademán de exigir responsabilidades, pero no hay nada que dé a entender que a alguna figura importante del partido le preocupe suficientemente la Constitución o el interés nacional como para pronunciarse.

Y la gran pregunta que deberíamos hacernos es cómo ha llegado a ocurrir. A estas alturas sabemos quién y qué es Trump, y nos hacemos una buena idea de lo que ha estado haciendo. Si tuviésemos dos partidos patriotas en el país, ya estaría en marcha el proceso de destitución. Pero no los tenemos. ¿Qué les pasa a los republicanos?

Evidentemente, no puedo ofrecer aquí una teoría completa, pero sabemos bastante sobre el panorama general. En primer lugar, los republicanos son políticos profesionales. Y sí, también la mayoría de los demócratas. Pero los dos partidos no son iguales.

El Partido Demócrata es una coalición de grupos de interés, con algunos puntos de vista comunes pero también con muchos conflictos, y los políticos logran avanzar haciendo concesiones y encontrando soluciones aceptables.

En cambio, el Partido Republicano es una rama de una estructura monolítica, el movimiento conservador, con una ideología rígida: reducción de impuestos a los ricos por encima de todo lo demás. Otras de las ramas de la estructura son unos medios de comunicación cautivos que en todo momento reproducen como loros la línea del partido. Comparen la información de Fox News sobre los últimos sucesos políticos y la de casi todos los demás medios; hablamos de niveles de realidad alternativa propios de Corea del Norte.

Y esta estructura monolítica –espléndidamente financiada por un pequeño número de familias muy, muy ricas– recompensa la fidelidad absoluta y, de hecho, insiste en ella. Es más, la estructura lleva mucho tiempo instalada: hace 36 años que Reagan salió elegido, y 22 desde que Gingrich se hiciera con el Congreso. Lo que esto significa es que casi todos los republicanos del Congreso actual son apparatchiks, criaturas políticas sin otro principio elevado que la lealtad al partido.

El hecho de que el republicano fuese un partido de apparatchiks fue un factor crucial en las elecciones del año pasado. ¿Por qué Marine Le Pen, a menudo retratada como el equivalente francés de Trump, perdió por un enorme margen? Porque los conservadores franceses no estaban dispuestos a ir tan lejos; sencillamente no podían apoyar a una candidata de cuyos motivos y preparación desconfiaban. Sin embargo, los republicanos apoyaron a Trump en bloque, sabiendo perfectamente que carecía por completo de preparación, sospechando firmemente que era un corrupto e intuyendo incluso que podía estar a sueldo de los rusos, simplemente porque había una "R" de republicano junto a su nombre en la papeleta.

Y ni siquiera ahora, cuando el asunto Trump/Flynn/Comey empeora por momentos, se ha producido una significativa ruptura de filas. Si están esperando encontrar la versión moderna de Howard Baker, el senador republicano que preguntó "qué sabía el presidente, y cuándo lo supo", pierden el tiempo. Esos hombres dejaron el partido hace mucho tiempo.

¿Significa esto que Trump podrá mantenerse en el cargo a pesar de los múltiples escándalos y de los abusos de poder? Lo cierto es que sí, podría hecerlo. La respuesta probablemente dependa de las próximas elecciones parciales: los republicanos no se volverán contra Trump a no ser que se convierta en una carga política de tal calibre que haya que echarlo.

Y aunque Trump se vaya, de una manera u otra, la amenaza para la República distará mucho de haber desaparecido. De un modo perverso, deberíamos considerarnos afortunados de que Trump sea tan terrible como es. Piensen en lo que ha hecho falta para llegar a este punto: su adicción a Twitter, su extraña lealtad a Flynn y el afecto hacia Putin, la descarada explotación de su cargo para enriquecer a su familia, y las transacciones comerciales, fuesen las que fuesen, que evidentemente intenta encubrir al negarse a hacer públicas sus declaraciones de impuestos.

El caso es que, dada la naturaleza del Partido Republicano, estaríamos bien encaminados hacia la autocracia si el hombre que ocupa la Casa Blanca tuviese aunque fuese un poquito más de autocontrol. Es posible que Trump se haya destruido a sí mismo; pero el riesgo de que el país se convierta en un régimen autoritario aún existe.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.
© The New York Times Company, 2017.
Traducción de News Clips.