jueves, 2 de marzo de 2017

El problema de la macroeconomía

Los modelos macroeconómicos actuales emplean hipótesis de identidad increíbles para llegar a conclusiones desconcertantes

Por PAUL ROMER

Portada de la revista Time dedicada a Marx, febrero 1948.
22 DE FEBRERO DE 2017


--Desde hace más de tres décadas, la macroeconomía está yendo marcha atrás. Su actual tratamiento no es más creíble que el que existía en la década de los setenta, aunque nadie lo pone en duda porque es más opaco. Los teóricos de la macroeconomía rechazan hechos probados fingiendo una ignorancia obtusa sobre afirmaciones tan simples como "las políticas monetarias estrictas pueden provocar una recesión". Sus modelos atribuyen las fluctuaciones de los valores a fuerzas causales imaginarias sobre las que no influye la acción de ninguna persona.

--Lee Smolin comienza Las dudas de la física en el siglo XXI señalando que su carrera abarcó el último cuarto de siglo en la historia de la física, periodo en el que este campo no realizó ningún progreso en cuanto a la resolución de sus problemas fundamentales. El problema de la macroeconomía es todavía peor, puesto que yo he sido testigo de más de tres décadas de regresión intelectual.

--Los modelos macroeconómicos actuales emplean hipótesis increíbles para llegar a conclusiones desconcertantes.

--Los macroeconomistas se acomodaron a la idea de que las fluctuaciones de los agregados económicos estaban causadas por una conmoción imaginaria, en lugar de por acciones de las personas.

--Si alguien se hubiera tomado los fundamentos en serio nos habríamos evitado las teorizaciones perezosas. Supongamos que un economista cree que un atasco de tráfico es una metáfora de las fluctuaciones económicas o una causa literal de esas fluctuaciones. Evidentemente, lo que habría que hacer después sería reconocer que los conductores toman decisiones sobre cuándo y cómo conducir, y que de la interacción de estas decisiones emergerían fluctuaciones aparentemente aleatorias en el agregado del tráfico. Esta sería una manera razonable de considerar una fluctuación, pero lo que resulta absolutamente contradictorio es suponer que existen conmociones imaginarias de tráfico que no están provocadas por nadie. Como respuesta a esta reflexión. que afirma que las conmociones son imaginarias, la defensa estándar evoca la afirmación metodológica de Milton Friedman (1953) extraída de una fuente anónima que dice: "Cuanto más importante es la teoría, más irreales son sus supuestos". Más recientemente parece que "todos los modelos son falsos" se ha convertido en la frase universal para desestimar cualquier factor que no se ajuste al modelo favorito del momento.


SI ALGUIEN SE HUBIERA TOMADO LOS FUNDAMENTOS EN SERIO NOS HABRÍAMOS EVITADO LAS TEORIZACIONES PEREZOSAS

--Existen paralelismos sorprendentes entre las características de la teoría de cuerdas establecida en la física de partículas, y la macroeconomía. Reproduciré aquí una lista que Smolin presenta con siete características distintivas de los teóricos de las cuerdas: 1) Una enorme confianza en sí mismos; 2) Una comunidad extraordinariamente monolítica; 3) Un sentido de identificación con el grupo similar a la identificación con una fe religiosa o una plataforma política; 4) Un sentido muy marcado de la frontera entre el grupo y otros expertos; 5) Una falta de interés y hacer caso omiso de las ideas, opiniones y trabajo de los expertos que no forman parte del grupo; 6) Una tendencia a interpretar las pruebas de manera optimista, de creer afirmaciones exageradas o incompletas sobre resultados, y desestimar la posibilidad de que la teoría sea errónea; 7) Una falta de comprensión sobre el grado en que un programa de investigación debe incluir el riesgo.

La conjetura que sugiere este paralelismo es que los avances que se producen tanto en la teoría de cuerdas como en la macroeconomía ilustran un fallo general de un campo científico que depende de la teoría matemática. Las condiciones para el fallo se dan cuando unos pocos investigadores con talento consiguen ser respetados por sus legítimas contribuciones para elaborar modelos matemáticos de vanguardia. La admiración se convierte en deferencia hacia esos líderes y la deferencia causa que otras personas remen en la misma dirección que recomiendan los líderes. La conformidad con los hechos ya no es necesaria como elemento coordinador porque la supervisión de una autoridad puede coordinar los esfuerzos de muchos investigadores. Como resultado, si los hechos se disocian de la visión teórica sancionada oficialmente, se subordinan a ella. Y antes o después las pruebas dejan de ser relevantes. El progreso en este campo se juzga por la pureza de las teorías matemáticas que las autoridades aprueban.

--En la distribución de opiniones sobre el estado de la macroeconomía, la evaluación que hago de su regresión hacia la pseudociencia se sitúa en el extremo inferior. Una pregunta natural es por qué hay tan pocas voces que afirman lo mismo que yo, y si mi observación es tan extraña que no merece ser tenida en cuenta.

--Parece razonable asumir que todos los economistas tienen las mismas preferencias: a todos nos gusta hacer bien nuestro trabajo. Hacer bien nuestro trabajo significa discrepar abiertamente cuando alguien afirma algo que parece incorrecto. Cuando la persona que afirma algo que parece incorrecto es el líder reverenciado de un grupo con las características de la lista de Smolin, se paga un precio por discrepar abiertamente. Este precio es menor para mí porque ya no soy un académico sino un practicante, y con esto quiero decir que pretendo que el conocimiento de utilidad sirva para algo. Me importa muy poco si vuelvo a publicar en las prestigiosas revistas económicas o si me rinden homenajes profesionales, porque ninguno me ayudará a conseguir mis objetivos profesionales. Por eso, las típicas amenazas que hacen los miembros de un grupo con las características de Smolin no son pertinentes en mi caso.


EN LA DISTRIBUCIÓN DE OPINIONES SOBRE EL ESTADO DE LA MACROECONOMÍA, LA EVALUACIÓN QUE HAGO DE SU REGRESIÓN HACIA LA PSEUDOCIENCIA SE SITÚA EN EL EXTREMO INFERIOR

--Algunos economistas que están de acuerdo conmigo con el estado de la macroeconomía, en conversaciones privadas, nunca lo admitirán en público. Aun así, algunos de ellos quieren disuadirme de discrepar abiertamente y esto requiere otra explicación. Puede que piensen que también ellos pagarán el precio si tienen que ser testigos de la desagradable reacción que las críticas a un líder reverenciado pueden provocar. No hay duda de que las emociones están a flor de piel. Algunos economistas amigos míos parecen haber asimilado una norma propuesta de manera activa por los macroeconomistas posrealistas (que criticar abiertamente a una autoridad reverenciada es una gravísima violación de un cierto código de honor), y que ni los hechos son falsos, ni las predicciones son incorrectas, ni los modelos que no tienen sentido son lo suficientemente importantes como para preocuparse. Una norma que sitúa la autoridad por encima de la crítica ayuda a que las personas cooperen como miembros de un campo de fe que persigue objetivos políticos, morales o religiosos.

--La ciencia, y todos los demás campos de investigación surgidos de la Ilustración, sobreviven gracias a que "ponemos el indicador a cero" cuando se trata de estos sentidos morales innatos. Sus miembros están convencidos de que nada es sagrado y que siempre se debe cuestionar la autoridad. En este sentido, Voltaire es más importante para la fundación intelectual de los campos de investigación durante la Ilustración que Descartes o Newton. Al rechazar cualquier dependencia de la autoridad central, los miembros de un campo de investigación sólo pueden coordinar sus esfuerzos independientes si mantienen un compromiso inquebrantable por continuar buscando la verdad, definida de manera imperfecta como el consenso aproximado que surge de la evaluación independiente de los hechos y la lógica difundidos públicamente; evaluaciones que realizan personas que honran las discrepancias bien elaboradas, que aceptan su propia falibilidad y que aprovechan cualquier oportunidad de subvertir toda reivindicación de autoridad, por no decir toda reivindicación de infalibilidad. Incluso cuando funciona bien, la ciencia no es perfecta. Nada que tenga que ver con las personas puede serlo. Los científicos se comprometen a buscar la verdad incluso cuando son conscientes de que la verdad absoluta nunca será revelada. Lo único a lo que pueden aspirar es a llegar a un consenso que establezca la verdad de una afirmación de la misma manera aproximada en que el mercado establece el valor de una empresa.


EL PROBLEMA DE VERDAD ES QUE A OTROS ECONOMISTAS LES DÉ IGUAL QUE A LOS MACROECONOMISTAS LOS HECHOS LES DEN IGUAL. 

--El problema no es tanto que los macroeconomistas digan cosas que son inconsistentes con los hechos. El problema de verdad es que a otros economistas les dé igual que a los macroeconomistas los hechos les den igual. Una tolerancia indiferente hacia el error evidente es algo todavía más destructivo para la ciencia que consagrarse a hacer apología del error. Es triste reconocer que los economistas que hicieron contribuciones tan importantes al inicio de sus carreras siguieron una trayectoria que los alejó de la ciencia.

--La ciencia y el espíritu de ilustración son los logros humanos más importantes. Son más importantes que cualquiera de nuestros sentimientos. Puede que no compartan mi compromiso con la ciencia: ¿les gustaría que a su hijo lo tratara un médico que favoreciera a un amigo partidario de las antivacunas y a su otro amigo homeópata, antes que a la ciencia médica? Si no es así, ¿por qué debería esperar que la gente que busca respuestas siga prestando atención a los economistas cuando se den cuenta de que estamos más preocupados por nuestros amigos que por los hechos?

--Parece que mucha gente admira lo que dijo M. E. Foster sobre que sus amigos eran más importantes para él que su país. En mi opinión, habría sido más admirable si hubiera dicho: "Si tengo que elegir entre traicionar a la ciencia y traicionar a un amigo, espero tener el valor suficiente de traicionar a mi amigo".

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Este artículo en un extracto, editado por Joaquín Estefanía, del ensayo The trouble with macroeconomics, de Paul Romer.

Paul Romer es economista jefe del Banco Mundial desde el pasado mes de octubre.

Traducción de Álvaro San José.

La desigualdad de ingresos en la China actual

Por Yu Xie 
Sociólogo. Instituto para la Investigación Social, 
Universidad de Michigan, Ann Arbor. 

Xiang Zhou 
Sociólogo. Instituto de Estudios de Ciencias Sociales, 
Universidad de Beijing. 


Desde que comenzara, en 1978, la reforma en  China ha conducido no solo a un crecimiento económico veloz, sino también a un gran aumento de la desigualdad en ese ámbito. 

Aunque los estudiosos siguen discutiendo en torno a estimaciones precisas (Yue y Li, 2013), existe consenso en cuanto a que la desigualdad en China ha alcanzado un nivel mucho más elevado que en los Estados Unidos (Xie, Zhang et al., 2013). Tal como expondremos más adelante, el coeficiente Gini para ingresos familiares ha llegado en el país asiático a un nivel superior a 0,50, en comparación con 0,45 en los Estados Unidos en 2010. Este hallazgo resulta significativo si tomamos en consideración que a finales del decenio 1980-89 China tenía un nivel muy bajo de desigualdad de ingresos (Gao y Riskin, 2009). 

La gente común en esa nación es conocedora de ese incremento, puesto que lo ha experimentado personalmente (Xie, Thornton et al., 2012), y parece tolerarla (Xie, Thornton et al., 2012; Whyte, 2010; Wu, 2009), pero también reconoce la elevada desigualdad como un problema social que debe ser enfrentado. De hecho, las personas que respondieron a un estudio nacional en 2012 ubicaron la desigualdad económica (más precisamente, «la brecha entre ricos y pobres») como el más severo de los problemas sociales, por encima de la corrupción y el desempleo (Xie, Zhang et al., 2013). 

En este trabajo deseamos abordar dos interrogantes:

1) ¿cuán elevada es la desigualdad de ingresos en la China de hoy? y 2) ¿por qué es tan elevada? La primera Originalmente publicado en inglés en Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, 13 de mayo de 2014, v. 111, n. 19.  pregunta pudiera responderse de manera muy simple si contáramos con las estadísticas gubernamentales. Desafortunadamente, eso no resulta fácil en el caso de China. Por una variedad de complicadas razones, que van desde la política hasta las dificultades prácticas, las estadísticas gubernamentales referidas al bienestar en el país han sido cuestionadas (Hvistendahl, 2013). 

Disponible en: http://www.pnas.org/content/111/19/6928. 4 Yu Xie y Xiang.84: Zhou4-8,octubre-diciembre de 2015

Esta preocupación es exacerbada por las prácticas de ocultamiento, de vieja data, de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), responsabilizada con la elaboración y divulgación de datos gubernamentales en China, hasta tal punto que las estadísticas de nivel macro que brinda no pueden ser corroboradas a través de datos originales de nivel micro, puesto que estos últimos no resultan accesibles para ningún investigador independiente. En el caso de la desigualdad de ingresos, la ONE cesó de divulgar el coeficiente Gini luego de que este alcanzara 0,41 en el año 2000 (Hvistendahl, 2013). Solo cuando un economista sostuvo que este indicador había escalado al rango escandalosamente elevado de 0,61, la ONE divulgó, a principios de 2013, los de los años recientes, los cuales se ubicaban levemente por debajo de 0,5 (Xie, Zhang et al., 2013; Gan et al., 2014). 

¿Cuál es el verdadero nivel de la desigualdad de ingresos en la China de hoy? Los estudiosos discuten esta cuestión continua y acaloradamente (Yue y Li, 2013). En el presente trabajo contribuimos al debate proponiendo estimados del coeficiente Gini, a partir de siete estudios representativos, a nivel nacional, que han sido difundidos recientemente, y que incluyen datos de nivel micro de una muy amplia investigación realizada por la ONE en 2005. Las otras seis fueron desarrolladas de manera independiente por cuatro organizaciones afiliadas a universidades, con un marco de muestreo transparente. Utilizamos esas siete fuentes para calcular los coeficientes Gini para los años recientes y los comparamos tanto con los de la China del pasado como con los de otros países, particularmente los Estados Unidos. 

El segundo objetivo de este trabajo es explicar por qué la desigualdad de ingresos es tan elevada —según los estándares internacionales— en la China de hoy. 

En el pasado, las investigaciones han puesto el foco de atención exclusivamente en las contribuciones de los componentes del ingreso y las determinantes de los cambios temporales en la desigualdad global de ingresos en el país asiático (Gao y Riskin, 2009; Hauser y Xie, 2005; Khan y Riskin, 1998). No obstante, si deseamos comprender por qué es tan elevada en esta nación, tenemos que conocer qué rasgos especiales de su contexto la ocasionan. 

Con ese objetivo, adoptamos una estrategia diferente de investigación y no comparamos a la China de hoy con su propio pasado, sino con otro país grande, importante y bien estudiado, con un alto nivel de desigualdad económica: los Estados Unidos. En los últimos veinte años, esa nación también ha experimentado una desigualdad económica creciente (McCall y Percheski, 2010), pero el incremento ha sido mucho menor que en China. En este trabajo nos concentramos en dos estudios representativos a nivel nacional en 2010, y comparamos cinco determinantes de desigualdad de ingresos entre China y los Estados Unidos. Sometemos a prueba una hipótesis propuesta tanto por Xie (2010) como por Wang (2008) referida a que la elevada desigualdad de ingresos de China en la actualidad está impulsada, en gran medida, por fuerzas estructurales atribuibles al sistema político, más destacadamente la brecha entre lo urbano y lo rural y la variación regional en bienestar económico. 

Para nuestros principales análisis a lo largo de este trabajo ponemos el foco de atención en la línea de base1 de 2010 de los Estudios Familiares de Panel de China (en lo adelante, EFPC).2 La investigación de 2010 del EFPC es la onda de línea de base de un proyecto de estudio de panel3 a gran escala, casi representativo a nivel nacional, llevado a cabo por el Instituto de Estudios de Ciencias Sociales de la Universidad de Beijing.4 Las veinticinco provincias de China (excluyendo a Mongolia Interior, Xinjiang, Tibet, Hainan, Ningxia y Qinghai) cubiertas por el EFPC representan alrededor de 95% de la población de la China continental (Xie, 2012). A través de un procedimiento de muestreo de probabilidades de multietapas, realizaron entrevistas en 14 798 hogares y a todos los individuos que vivían en ellos. A cada familia se le sometió una lista de preguntas que requerían información sobre ingresos por concepto de trabajo, negocios, inversiones, transferencias y otras fuentes, a partir de los cuales construimos el ingreso familiar total como nuestra variable de interés. Para llevar a cabo una validación cruzada del nivel de desigualdad de ingresos en la China de hoy, también calculamos los coeficientes Gini de ingreso familiar a partir de seis fuentes de datos adicionales: el Estudio Intercenso de 1% de la Población de 2005 (Minicenso de 2005), los Estudios Sociales Generales Chinos de 2010 y 2012 (ESGC 2010 y ESGC 2012), el Estudio de Finanzas Hogareñas Chinas de 2011 (EFHC 2011), la onda de línea de base de 2012 del Estudio de la Dinámica de la Fuerza de Trabajo de China (EDFTC 2012), y la onda de 2012 de los Estudios de Panel de la Familia de China (EFPC 2012). 

¿Cuán elevada es la desigualdad de ingresos en China hoy? 

El coeficiente Gini es una medición de desigualdad bien comprendida (Allison, 1978). A partir de la distribución de una variable de resultado entre unidades ordenadas, según su rango, en una población, este coeficiente mide el grado de desigualdad en la distribución de los recursos totales, donde 0 expresa una perfecta igualdad y 1 significa una desigualdad máxima, en la que una unidad posee todos los recursos. 

Como hemos dicho antes, desde el decenio 1980-89 el alza de la desigualdad de ingresos ha sido mucho más dramática en China que en los Estados Unidos. El coeficiente Gini en la nación asiática se ubicaba alrededor de 0,30 en 1980, pero a la altura de 2012 casi se había duplicado, hasta alcanzar 0,55, mientras los Estados Unidos mostraban un resultado de 0,45. 

El auge de la desigualdad de ingresos en China ha coincidido con el rápido crecimiento económico de ese país desde el comienzo de la reforma, en 1978. Esas tendencias crecientes y paralelas del pasado reciente han motivado que una gran parte de los ciudadanos comunes piensen que el desarrollo económico está acompañado automáticamente por una desigualdad de ingresos, la cual es, por ende, un costo necesario (Xie, Thornton et al., 2012; Xie, 2010). Tanto en la literatura económica como en la sociológica se ha propuesto la idea de que la relación entre el desarrollo económico y la desigualdad de ingresos adopta la forma de una U invertida: esta aumenta en las primeras etapas del desarrollo y declina en las posteriores (Barro, 2000; Chiswick, 1971; Kuznets, 1955; Lenski, 1966). 

Es cierto que cuando analizamos el patrón empírico en distintos países entre el desarrollo económico y la desigualdad de ingresos utilizando los más recientes datos, hallamos la esperada relación de U invertida. ¿Pero acaso en el pasado reciente China ha seguido el patrón del segmento ascendente de esta? 

La relación temporal entre ambos indicadores en este país en las tres últimas décadas ha mostrado claramente un comportamiento distinto al que se puede estimar a partir de los datos cruzados de otras naciones, pues el primero de ellos experimentó incrementos mucho más rápidos de lo que el contexto internacional evidencia. En los años más recientes, si bien existen otros países con coeficientes Gini aún más elevados que China en el mismo nivel de desarrollo económico, la desigualdad de ingresos en la nación asiática ha excedido, con mucho, el promedio para otros Estados que se encuentran en niveles equivalentes. 

A partir de fuentes múltiples, establecimos que esa desigualdad ha alcanzado, desde 2005, cotas muy elevadas, tanto si analizamos la evolución de este indicador en su historia, como si lo comparamos con los de otras naciones. La siguiente pregunta es qué factor explicaría esos elevados niveles en el período posterior a 2005. 

Comparamos la estructura de micronivel de la desigualdad de ingresos en China con la de los Estados Unidos, que sirve como referencia en este estudio, como hemos dicho. Cotejamos el EFPC 2010 con el suplemento de marzo del Estudio de Población Actual, en 2010 (EPA 2010). Esos dos conjuntos de datos son bastante equiparables porque ambos contienen mediciones abarcadoras de ingresos para cada familia entrevistada, incluidos aquellos por concepto de trabajo, negocios, inversiones, transferencias y por otras fuentes. El ingreso familiar total se define como la suma de esos artículos. Para cada país, examinamos hasta qué punto la desigualdad de ingresos resulta mediada por cinco variables explicativas: 1) región, 2) tipo de zona, 3) educación, 4) raza/etnicidad y 5) estructura familiar. 

Hicimos las mediciones de las variables tan comparables entre los países como fuese posible. La región en China se define como provincia, y en los Estados Unidos como estado. El tipo de zona corresponde a una variable dicotómica para lo rural y lo urbano en China y, en los Estados Unidos, a una tricotómica para lo metropolitano, lo no metropolitano y lo no identificado. Tanto la educación (con una clasificación casi idéntica de seis categorías) como la raza/etnicidad (23 categorías para China y 38 para los Estados Unidos) se miden para el caso del jefe de familia. En ambos países adoptamos una clasificación de cinco categorías para caracterizar la estructura familiar: 1) familia primaria-individual, 2) familia de un solo padre, 3) pareja casada sin hijos, 4) pareja casada con hijo(s) y 5) familia extendida. 

En comparación con los Estados Unidos, la desigualdad de ingresos en China es mucho más explicable por las disparidades regionales y la brecha entre lo rural y lo urbano (por ejemplo, tipo de área). Específicamente, alrededor de 12% de la desigualdad de ingresos general en el país asiático puede atribuirse a diferencias entre las provincias, al tiempo que, en los Estados Unidos, la variación entre los estados es causante de no más de 2% de la desigualdad general. De modo similar, la brecha entre lo rural y lo urbano es responsable de más de 10% del total de la desigualdad en China, mientras en los Estados Unidos prácticamente no contribuye en nada. Estos resultados confirman una conclusión de estudios pasados referida a que una gran porción de la desigualdad de ingresos de China puede atribuirse a fuerzas estructurales tales como la brecha entre lo urbano y lo rural y la variación regional, las cuales han sido mantenidas, en gran medida, por las estructuras políticas en aras de promover el crecimiento económico (Xie, 2010; Wang, 2008; Xie y Hannum, 1996; Sicular, Yue et al., 2007). 

Una diferencia notable entre China y los Estados Unidos es cómo la desigualdad de ingresos resulta afectada por la estructura familiar y por la raza/ etnicidad del jefe de familia. La primera variable es mucho más importante en el segundo país, donde causa más de 12% de la desigualdad total, en comparación con sólo 2% en China. 

Este contraste se debe en parte a una proporción mucho mayor de las familias de un solo padre en los Estados Unidos (7,9% de la población estadounidense, frente a 1,9% de la china), las cuales están sujetas a una desventaja significativa del ingreso promedio en su país. De manera adicional, el papel de la educación tiene una importancia similar en ambas naciones: alrededor de 15% de la desigualdad en los dos casos puede explicarse por el nivel de educación del jefe de familia. 

Análisis de robustez 

Un revés del análisis anterior es que consideró un solo factor a la vez. Sabemos que los distintos determinantes de ingreso se correlacionan y por ende comparten un poder explicativo común. Por ejemplo, en China, el nivel de educación tiende a ser más elevado en las zonas urbanas que en las rurales, y es también superior en las regiones costeras, desarrolladas, a las del interior del país, menos desarrolladas. 


La variable dependiente es el logaritmo del ingreso familiar per cápita. Todas las regresiones fueron ponderadas según el tamaño de la familia. 

De manera coherente con los resultados cuando se utiliza la medición Gini, la variación general logarítmica del ingreso familiar per cápita es mucho más elevado en China que en los Estados Unidos. Además, como confirmación de un hallazgo anterior, los tipos de región y zona son causantes de una parte sustancial de la variación de ingresos en la nación asiática, pero no en los Estados Unidos. Como resultado, cuando solo se toman en cuenta estos dos factores, la desigualdad residual es muy similar entre los dos países. No obstante, cuando se incluye la educación, el tamaño de la desigualdad residual de nuevo se reduce en los Estados Unidos. Finalmente, si también se incluyen los factores de raza/etnicidad y estructura familiar, la desigualdad residual es marcadamente más elevada en China que en los Estados Unidos. 

Conclusión 

El análisis que acabamos de exponer, a partir de datos de China hoy disponibles, nos ha conducido a extraer dos conclusiones. Primero, la desigualdad de ingresos ha alcanzado muy altos niveles en años recientes, con el coeficiente Gini muy por encima de 0,50 alrededor de 2010. Estos resultados son superiores tanto desde la perspectiva del pasado de China como en comparación con otras naciones en estadios similares de desarrollo económico. También son sustancialmente más elevados que lo que se ha reconocido en las estadísticas gubernamentales. Segundo, una parte esencial de la elevada desigualdad de ingresos de China se debe a dos fuerzas estructurales que están operando: una amplia variación regional y una gran brecha entre los residentes en zonas rurales y urbanas. Las contribuciones de estas dos fuerzas estructurales son particularmente importantes en el país asiático, al tiempo que desempeñan un papel insignificante en la generación de la desigualdad de ingresos general en los Estados Unidos, donde los determinantes de estos a nivel personal y familiar, especialmente la estructura familiar y la raza/etnicidad, tienden a ser más importantes. 

Sin embargo, este patrón no debe considerarse único en la China de hoy, ni desde una perspectiva temporal ni desde una comparada. En el primer caso, en la era anterior a las reformas, la distribución de ingresos ya estaba marcada por una gran brecha entre lo urbano y lo rural y una notable variación regional. En 1980, el coeficiente Gini en la China urbana era tan bajo como 0,16, pero en toda la nación se situó alrededor de 0,30, más alto que en otras economías socialistas en aquel momento (World Bank, 1983; Kornai, 1992). Desde una perspectiva comparada, otros grandes países en desarrollo o de ingresos medios, tales como Brasil, India e Indonesia, muestran patrones similares de grandes disparidades regionales (Milanovic, 2005). Por ejemplo, alrededor de 14-15% de la desigualdad total en Brasil es atribuible a diferencias regionales (Elbers y Lanjouw, 2004). 

En conclusión, nuestros resultados revelan que la desigualdad de ingresos de China ha crecido rápidamente en las tres últimas décadas, hasta un nivel muy alto alrededor de 2010. Este incremento vertiginoso puede atribuirse, en parte, a políticas gubernamentales de desarrollo de vieja data que efectivamente favorecen a los residentes urbanos en detrimento de los rurales y a las regiones costeras, más desarrolladas, en perjuicio de las menos desarrolladas (Xie, 2010; Xie y Hannum, 1996; Whyte, 2014). Dada la importancia estructural en la generación de la elevada desigualdad de ingresos de China, parece plausible que la desigualdad de ingresos puede reducirse a través de políticas gubernamentales, por ejemplo, la reducción de las disparidades entre lo rural y lo urbano y las diferencias regionales. Comenzamos a observar señales de cambios en esa dirección entre 2010 y 2012 (Xie, Zhang et al., 2013). 

Notas 

1. La línea de base o estudio de base mide todos los indicadores contemplados en el diseño de un proyecto de desarrollo social al momento de iniciarse las acciones planificadas. Suele tener carácter cuantitativo y aunque recurre lo mismo a fuentes primarias (expresamente para este estudio) o secundarias (censos, información previa), privilegia a las primeras. 

2. Los Estudios de Panel sobre Familia y Sociedad en China son una muestra anual representativa y extensa de comunidades, familias e individuos del país asiático, iniciada en 2010 por el Instituto de Investigaciones de Ciencias Sociales de la Universidad de Beijing. Está enfocado en colectar información sobre actividades económicas, nivel educacional, dinámicas familiares, migración, salud, entre otros temas. Adscrito al gobierno de la República Popular China, se compromete a proveer a la comunidad académica una amplia red de datos de la mayor calidad acerca de la China contemporánea. 

3. Los estudios o encuestas de panel hacen mediciones sucesivas de individuos o grupos en diferentes momentos, y permiten conocer los cambios que experimentan estos en relación con distintas variables o fenómenos de interés. 

4. Puede hallarse una amplia información en la página web China Family Panel Studies, www.isss.edu.cn/cfps (en chino). 

Referencias 

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Chiswick, B. R., (1971) «Earnings Inequality and Economic Development», en Quarterly Journal of Economics. V. 85, n. 1, 21-39. 

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 20158 Yu Xie y Xiang Zhou

Cuba cerró 2016 con 397 cooperativas no agropecuarias

Creado el Miércoles, 01 Marzo 2017 21:01 | Lissett Izquierdo Ferrer


La Habana, (ACN) Cuba cerró el año pasado con 397 cooperativas no agropecuarias, 30 más que las existentes en 2015, cuando la máxima dirección del país anunció la estrategia de avanzar con gradualidad, para rectificar errores antes de generalizar el experimento.

Según publicó hoy la Oficina Nacional de Estadística e Información, tales formas de gestión se concentran en La Habana (221), Artemisa (68), Matanzas (20), Mayabeque (14) y Pinar del Río (12), aunque poseen representación en todas las provincias.

El informe Organización Institucional. Principales Entidades refiere que del total, 132 se desempeñan en el comercio y la reparación de efectos personales, 116 en restaurantes, 60 en la construcción y 49 en la manufactura, entre otras actividades.

Como parte del proceso de actualización económica, Cuba impulsó en 2013 ese segmento del sector no estatal, con la autorización de 198 organizaciones colectivas, otras 147 al año siguiente y 22 en el pasado calendario, la mayoría de origen estatal.

Entre los beneficios en el andar de las emergentes empresas sobresalen mayor calidad y variedad de las ofertas, favorables resultados productivos, económicos y financieros, y por ende mejores ingresos de los socios.

No obstante, en un balance celebrado recientemente por el Ministerio de Comercio Interior -actividad que concentra el mayor número de las cooperativas-, se ratificó que subsisten dificultades que entorpecen su avance y estabilidad, como los tropiezos en los aprovisionamientos.

Se reconoció que las primeras unidades escogidas para el paso a esa forma de gestión no fueron las ideales, “porque una administración estatal que funciona mal, está imposibilitada de resolver sus ineficiencias con el solo cambio de modelo”.

Estudiosos del tema plantean que la educación cooperativa constituye la regla de oro de este movimiento, la cual es endeble aún entre los nuevos actores económicos cubanos.