miércoles, 18 de enero de 2017

Firman Cuba y Estados Unidos Tratado sobre la Delimitación de la Plataforma Continental en el Polígono

Cubasí  -   Cubaminrex  -  Miércoles, 18 Enero 2017 15:13


Con la firma de este Acuerdo quedó delimitada, de conformidad con el Derecho Internacional, la plataforma continental entre la República de Cuba y los Estados Unidos de América.

En la tarde de este miércoles, se firmó en la sede del Departamento de Estado, en Washington, el Tratado entre la República de Cuba y los Estados Unidos de América sobre la Delimitación de la Plataforma Continental en el Polígono Oriental del Golfo de México más allá de las 200 Millas Náuticas.

Por la parte cubana rubricó el acuerdo José Ramón Cabañas Rodríguez, embajador de Cuba en los Estados Unidos, y por la parte estadounidense, Mari Carmen Aponte, consejera especial para los Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado.

Con la firma de este Acuerdo quedó delimitada, de conformidad con el Derecho Internacional, la plataforma continental entre la República de Cuba y los Estados Unidos de América en el Polígono Oriental del Golfo de México más allá de las 200 Millas Náuticas. Este documento brinda certidumbre jurídica a las Partes para el ejercicio de sus derechos de jurisdicción y soberanía sobre esa área marítima.

El enfoque trumpiano de “rendición de cuentas”: ¿Cuba como caso ilustrativo?


Pedro Monreal González, Cuba Posible enero 18, 2017


Foto: AP

Después de la sorpresa, vino la preocupación. Al minuto de haberse conocido el resultado de la última elección presidencial de Estados Unidos, la incertidumbre respecto al futuro de la política exterior de ese país se convirtió en tema cotidiano de conversación en todo el mundo. Sin embargo, los dos meses posteriores no sirvieron de mucho para aclarar las cosas, excepto para indicar que “algo se movía”.

Las escaramuzas verbales de Trump sobre China y México, las advertencias a los socios de la OTAN respecto a que no podían seguir “recostados” de Estados Unidos, una mayor cercanía a los sectores “duros” de Israel, las señales de un posible “acomodo” con Rusia, y las críticas al aparato de seguridad nacional, fueron primicias informativas, pero de conjunto no podían ser tomadas como expresión de un nuevo planteamiento estratégico coherente. Todo eso comenzó a cambiar el 11 de enero pasado durante las audiencias senatoriales de confirmación de Rex Tillerson, próximo Secretario de Estado.

Afirmar que Trump es un personaje impredecible es cierto y ello se ha convertido en un cliché, pero ya no es válido afirmar que no está clara la orientación general que la Administración Trump intenta darle a la política exterior de Estado Unidos. No es así desde la exposición de Tillerson en el Capitolio.

LAS NUEVAS REGLAS DEL JUEGO

En una breve presentación de 1,686 palabras (que apenas tomaron 12 minutos en ser leídas), el nuevo Secretario de Estado identificó al menos tres aspectos que parecen definir por primera vez –a ese nivel de autoridad ejecutiva del nuevo equipo- el marco de referencia básico de la política exterior de la Administración Trump.[1] Esos tres aspectos tienen relevancia directa para Cuba.

En primer lugar, no es difícil concluir de la presentación de Tillerson, que el rasgo definitorio de la política exterior de Trump sería una variante de unilateralismo extremo, que se diferenciaría tanto del pretendido enfoque “multilateral” practicado por la Administración Obama, como del “aislacionismo” que, de una manera u otra, siempre ha formado parte de las visiones que nutren los procesos de la política exterior de Estados Unidos, desde los orígenes de esa nación.

En la superficie pudiera parecer que se trata de más de lo mismo, especialmente respecto a la época de George W. Bush, pero en rigor el enfoque expuesto por Tillerson le resta peso a la aspiración estadounidense de funcionar como “líder global” (que al menos en teoría implicaría la aceptación de responsabilidades internacionales por las cuales Estados Unidos debería responder ante otros), y en cambio parece incrementar la función de Estados Unidos como “vigilante global”, esencialmente en relación con sus intereses nacionales. Expertos como Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group, consideran que “la única superpotencia del mundo dedicará sus recursos exclusivamente a defender sus intereses, sin tener en cuenta las consecuencias para todos los demás. Pretende revisar todos los tratados y alianzas sobre seguridad, comercio y clima”.[2]

En segundo lugar, la “rendición de cuentas” aparece como el concepto clave que serviría para orientar la política exterior estadounidense. Fue el término más repetido en la presentación inicial de Tillerson (12 veces) y aunque no se aportó una definición conceptual precisa, resultó evidente que se trata de una interpretación de la “rendición de cuentas” que tiene tres características salientes:

—Es una condición que Estados Unidos impondrá a otros países para que respondan por la responsabilidad que estos pudieran tener respecto al incumplimiento de una serie de estándares establecidos unilateralmente por Estados Unidos.

—Funcionaría en el marco de una lógica de “Principal-Agente”, en la que Estados Unidos se reserva el papel de “Principal” y, consecuentemente, es ese país el que ejerce las funciones de supervisión, certificación, recompensa y castigo.

—Implica el establecimiento de mecanismos concretos de “rendición de cuentas” que operarían como los medios que permitirían que se alcancen —en los demás países— las condiciones deseables para Estados Unidos.

En tercer lugar, la Administración Trump hizo evidente que tiene una idea precisa acerca de por dónde debería comenzar a articularse este nuevo enfoque de “rendición de cuentas”. Una particularidad interesante es que el listado presentado por Tillerson, en ese acápite, está compuesto solamente por cinco países. Todos ellos —excepto Cuba— son admisibles como prioridades estratégicas desde una perspectiva de “seguridad nacional” estadounidense. Rusia y China son potencias globales, mientras que Irán y la República Popular Democrática de Corea (RPDC) —con programas de misiles y de investigación nuclear relativamente avanzados— difícilmente sean estratégicamente digeribles para cualquier administración estadounidense, sea Demócrata o Republicana.

Para ser preciso, Tillerson mencionó en su presentación inicial en el Capitolio otros cuatro países adicionales (Irak, Afganistán, Siria, y Ucrania), pero no en relación con la cuestión de la “rendición de cuentas”, sino como casos de conflictos bélicos que son directamente relevantes para Estados Unidos. Los tres primeros países mencionados son importantes para lo que Tillerson definió como la prioridad estratégica de combatir el “islamismo radical”, en tanto Ucrania fue mencionada como un conflicto que es relevante para las relaciones de Estados Unidos con Rusia y también para las relaciones con sus aliados de la OTAN. Resumiendo, de los 196 países del mundo Tillerson decidió referirse solamente a diez: los propios Estados Unidos, dos potencias globales (Rusia y China), dos potencias regionales (Irán y la RPDC), los tres países donde Estados Unidos se ha involucrado recientemente en “guerras calientes” (Irak, Afganistán y Siria), el país (Ucrania) donde se desarrolla actualmente el conflicto más relevante para la OTAN y, por último, Cuba.

¿QUÉ HACE CUBA EN ESE SELECTO LISTADO?

Quizás algunos pudieran sentir la tentación de pensar que Cuba es una de las nueve principales prioridades estratégicas de Estados Unidos, pero esa idea no encuentra asidero en la realidad. Cuba no es, ni siquiera, el país de la región respecto al cual Trump y su equipo hayan expresado mayores preocupaciones y discrepancias. Ese papel le correspondería a México. Una explicación plausible pudiera ser que Cuba aparece en el listado para cumplir otra función: ser el primer caso en el que Estados Unidos ilustrarían cómo funcionaría en la práctica la “rendición de cuentas” y los “costos” derivados de que tal “rendición de cuentas” fuese evaluada desfavorablemente por parte de la Administración Trump.

¿Por qué Cuba y no México, u otro país? Pudieran existir varias razones. Una de ellas sería que “dar un ejemplo” en el caso de Cuba sería “entendible” pues se explicaría por la percepción de incumplimiento de un estándar fácilmente comunicable: no haber hecho “concesiones” en materia de derechos humanos. Otra posible razón es que implementar algún tipo de “castigo” contra Cuba sería relativamente fácil ya que, dado el incipiente estado del proceso de “normalización”, no habría necesidad de desmantelar una compleja madeja de relaciones bilaterales, sino que bastaría con ralentizar el naciente proceso o con paralizar algunos avances puntuales. Otra posible motivación sería la asimetría de los posibles impactos de una “revisión”, pues existe un amplio rango de asuntos en los cuales la mayor parte del costo de un cambio de política recaería sobre Cuba y no sobre Estados Unidos (por ejemplo, congelar el proceso que pudiera conducir a la posibilidad de utilizar el dólar en las transacciones internacionales de la Isla). Finalmente, la “revisión” pudiera tener la ventaja de funcionar inmediatamente.

Indudablemente, tratar de “ejemplificar” la “rendición de cuentas” con países como Rusia, China, Irán y la RPDC sería incomparablemente más complicado y eventualmente costoso para Estados Unidos. Quizás basten como ejemplos la dura respuesta de China respecto al flirteo de Trump con el posible abandono de la “política de una sola China” y, sobre todo, la declaración de medios de prensa estatales de China de que la potencia asiática estaría dispuesta a ir a un conflicto nuclear si Estados Unidos intentase impedirle a Beijing el acceso a sus instalaciones en el Mar del Sur de China.[3]

LO ESENCIAL EN TRES LÍNEAS

Obviamente, no es adecuado sacar conclusiones demasiado firmes a partir de las tres líneas que se refieren a Cuba en la declaración inicial de Tillerson, pero lo allí expresado ofrece importantes pistas que no deberían ser subestimadas. Tillerson dijo textualmente lo siguiente: “Y debemos adherirnos a estándares de rendición de cuentas. Nuestros recientes acercamientos con el gobierno de Cuba no fueron acompañados por concesiones en derechos humanos. No los hemos hecho rendir cuentas por su conducta. Sus líderes recibieron mucho, mientras que su pueblo recibió poco. Eso no ayudó a los cubanos ni a los estadounidenses”.[4] Es importante tomar nota de que el párrafo sobre Cuba comienza con una mención explícita a la “rendición de cuentas”. Es lo que introduce la alusión a Cuba. Es lo que le da sentido a la referencia específica que se hace sobre Cuba en el documento.

Tillerson también dijo otras cosas sobre Cuba durante la audiencia, pero no como parte de su declaración inicial escrita sino cuando respondió a las preguntas de varios senadores. De hecho fueron algunas de esas respuestas —especialmente dos— las que fueron más resaltadas por muchos medios de prensa: la relativa a que pudiera recomendarle a Trump vetar una eventual decisión del Congreso de eliminar el bloqueo contra Cuba, en caso de que considerase que no ha habido “cambios democráticos”, y la posibilidad de revisar la exclusión que se hizo de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo mundial.

Existen, sin embargo, diferencias importantes entre la declaración inicial escrita de Tillerson y las respuestas que ofreció a las preguntas de los senadores. Para empezar, las tres líneas dedicadas a Cuba en su declaración inicial de 12 minutos son parte de una delineación estratégica global en la que solamente cabían muy pocos temas. Si la mención a Cuba no se justifica por la importancia estratégica de Cuba en sí misma (que no la tiene), entonces es razonable pensar que se trata de que Cuba pudiera desempeñar una función “ilustrativa” del enfoque central de su visión estratégica (la “rendición de cuentas”). Cuba habría sido mencionada porque puede servir para aleccionar.

Lo que Tillerson hubiese priorizado decir sobre Cuba, debía ponerlo forzosamente en esa declaración inicial. Las otras cosas que dijo sobre Cuba en sus respuestas a las preguntas de los senadores fueron el resultado de una eventualidad. Si el senador Marco Rubio no le hubiera preguntado sobre el bloqueo, casi seguramente Tillerson no habría hablado sobre el tema.

Por otra parte, Tillerson estaba siendo “examinado” por los senadores —incluyendo senadores Republicanos que no le profesan muchas simpatías, entre ellos el propio Marco Rubio[5]— y, por tanto, esa declaración inicial era la pieza clave de la audiencia senatorial. Un paso en falso en esa presentación pudiera haberle complicado enormemente las cosas a Tillerson. Fue una exposición basada en la lectura de un documento. No hubo espacio para la improvisación. Lo que se incluyó en esa declaración inicial seguramente fue minuciosamente revisado y vuelto a revisar por el propio Tillerson y por un equipo de expertos. Es decir, lo más importante en relación con lo que cabría esperar de la política de la Administración Trump hacia Cuba está contenido en esas tres líneas.

POSIBILIDAD Y PROBALIDAD

Nada es seguro en este mundo, pero la declaración inicial sugiere que un cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba no es una mera posibilidad, sino que parece tener una alta probabilidad de materialización. Tillerson expresó una valoración de equipo, no una simple opinión personal, acerca de que la política de Obama hacia Cuba contraviene un estándar que Tillerson —en una muestra de unilateralismo extremo, duro y puro— considera que es imprescindible para poder seguir haciendo tratos con la Isla: Cuba debe hacer “concesiones en derechos humanos” que, desde la perspectiva estadounidense, sean perceptibles. Nótese que no se trata simplemente de que Cuba deba “hacer algo” respecto a los derechos humanos, sino que se trata de un “algo” muy preciso: hacerle “concesiones” a la Administración Trump respecto a lo que esta ha decido unilateralmente que Cuba debe “entregarle”.

Hay algo adicional importante. Tillerson ha ubicado el cambio de política en un aspecto totalmente controlable para la rama ejecutiva del gobierno de Estados Unidos. Es una modificación que parte de una crítica clara: “no los hemos hecho rendir cuentas” y cuyo corolario es evidente: los haremos rendir cuentas. Se trataría de una modificación en la manera de operar la política hacia Cuba que puede ser implementada sin contar con el Congreso y con independencia de lo que pueda opinar el gobierno cubano.

Tillerson ha expresado claramente que existe una valoración negativa del “acercamiento”, ha definido un único estándar que les interesaría de parte de Cuba (“concesiones en derechos humanos”), y ha dejado claramente establecido que el cambio dependería esencialmente de los propios Estados Unidos (comenzar a exigir una “rendición de cuentas”). Si además de todo lo anterior, un cambio de política hacia Cuba pudiera servir convenientemente para ilustrar —de manera expedita y con un supuesto bajo costo— en qué consistiría en términos concretos este enfoque global de “rendición de cuentas”, entonces lo que sería muy poco probable es que no se implementase un cambio de la política de Estados Unidos hacia Cuba.

Pudiera ser esta, como se dice popularmente en Cuba, una “jugada cantada”, pero obviamente no hay que asumir que sería ineludiblemente realizable y, mucho menos, exitosa. El actual gobierno cubano tiene experiencia en lidiar con los intentos de imposición unilateral de Estados Unidos y cuenta con mecanismos para hacerle frente. El nuevo enfoque proclamado por Tillerson, en esencia, plantea que el “acercamiento” ya no sería más un proceso sin pre-requisitos, en igualdad de condiciones y sobre la base de la soberanía nacional. Como se conoce, eso no es aceptable para el gobierno cubano y no existe razón alguna para pensar que este permanecerá inerme. Más bien hay razones para pensar todo lo contrario.

Lo anterior no es una predicción. No hay nada que lo convierta en un hecho inevitable. Conviene, sin embargo, dejar definitivamente atrás el argumento de que no se sabe bien “por dónde viene” la Administración Trump respecto a Cuba. Tillerson lo enunció claramente el 11 de enero y lo que corresponde es prepararse para responder adecuadamente, algo que es una función que concierne al gobierno cubano.[6] No habría que hacerse ilusiones acerca de que “el instinto de negociante” de Trump pudiera impedir o moderar —por razones de negocios— el enfoque de unilateralismo extremo explicado por Tillerson en el Capitolio.

NOTAS:

[1] Me refiero a lo que considero como la parte sustantiva de la declaración de Tillerson, después de la introducción inicial con los agradecimientos. Esa parte sustantiva de la presentación comienza diciendo “Nuestros hombres y mujeres en uniforme representan la mejor fuerza combativa del mundo…”. Ver transcripción de CNN en http://transcripts.cnn.com/TRANSCRIPTS/1701/11/cnr.02.html

[2] Ian Bremmer, “Estados Unidos independiente”, El País, 11 de enero de 2017, http://elpais.com/elpais/2017/01/04/opinion/1483554931_091164.html

[3] Katie Hunt, “Chinese state media slams Tillerson over South China Sea”, CNN, 13 January 2017, http://edition.cnn.com/2017/01/13/politics/us-tillerson-china-reaction/

[4] La versión original en inglés de las líneas dedicadas a Cuba es la siguiente: “And we must adhere to standards of accountability. Our recent engagements with the government of Cuba was not accompanied by any significant concessions on human rights. We have not held them accountable for their conduct. Their leaders received much while their people received little. That serves neither the interests of Cubans or Americans”. Ver transcripción de CNN, http://transcripts.cnn.com/TRANSCRIPTS/1701/11/cnr.03.html

[5] Matt Flegenheimer, David E. Sanger y Emmarie Huetteman, “Marco Rubio Won’t Commit to Voting for Rex Tillerson”, The New York Times, 10 January 2017, https://www.nytimes.com/2017/01/10/us/politics/trump-cabinet-confirmation-hearings-live.html

[6] Conducir las relaciones entre Estados es una prerrogativa de los gobiernos.

La economía cubana 2016-2017. Valoración preliminar (II)

Raúl Castro interviene en el plenario de la Asamblea Nacional del Poder Popular este 27 de diciembre de 2016. Foto: Ladyrene Pérez/ CubadebatePor: José Luis Rodríguez

Raúl Castro interviene en el plenario de la Asamblea Nacional del Poder Popular este 27 de diciembre de 2016. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate
Al definirse las perspectivas de crecimiento de la economía cubana para el 2016, el presidente Raúl Castro expresó en la Asamblea Nacional de diciembre del 2015: “El próximo año continuará creciendo el Producto Interno Bruto, pero lo hará a un menor ritmo, el 2%, como consecuencia de que se proyectan limitaciones financieras asociadas a la caída de ingresos en los rubros exportables tradicionales por la disminución de sus precios en el mercado mundial, como por ejemplo el níquel.” A esto se añadía que “…se han generado desde este propio año 2015 afectaciones en las relaciones de cooperación mutuamente ventajosas existentes con varios países, en particular con la República Bolivariana de Venezuela, sometida a una guerra económica para revertir el apoyo popular a su Revolución.” [1]
De tal modo, si bien los resultados económicos de 2015 resultaron muy favorables, se previó que los mismos no podrían sostenerse al mismo nivel en el 2016 debido a nuevas dificultades financieras externas vinculadas a los ingresos de un grupo de exportaciones y a la situación de la economía venezolana.
Tabla Nº 1 Evolución de la economía cubana 2015-2016 (%)
20152016 (Plan)
PIB4,42,0
AGRICULTURA2,55,9
INDUSTRIA5,8-0,4
IND. AZUCARERA17,82,2
MINERIA-2,2-8,7
CONSTRUCCIONES17,013,4
INVERSIONES24,913,5
SALARIO MEDIO17,62,0
PRODUCTIVIDAD6,72,2
DEFICIT FISCAL-5,8-7,1

Fuentes: Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) (2016) “Anuario Estadístico de Cuba 2015” en www.onei.cu; Economist Intelligence Unit (EIU) (2016) “Country Report Cuba December 23th 2016” in www.eiu.com y Marino Murillo (2015) “Intervención de Marino Murillo en la ANPP el 29 de diciembre de 2015” Transmisión por el canal de TV Cubavisión el 30 de diciembre de 2015.
No obstante, al cierre del primer semestre se constataba que la economía había crecido solo un 1% debido esencialmente a un incremento de las dificultades externas, que previsiblemente podrían aumentar durante el segundo semestre del año.
Para hacer frente a la situación se anunció un programa de restricciones que comprendían: la reducción del consumo de combustibles en un 28% y de la electricidad un 6%, pero con impactos diferenciados tratando –en primer término- de no afectar la población ni los sectores priorizados; una reducción del plan de inversiones del 17%, disminuyendo las mismas de 7 841 a 6 510 millones de pesos en el año; una caída de las importaciones del 3,3% y una disminución del salario medio del 7% en el sector empresarial estatal.[2]
Según diversas opiniones, de haberse podido contener las afectaciones a los niveles estimados a mediados de año, la economía podía haber crecido modestamente. Así la CEPAL pronosticó un incremento para el 2016 del 0,4%, el Economist Intelligence Unit 0,5% y otras encuestas un 0,18%.
Sin embargo, los resultados oficiales anunciados en la ANPP revelaron un decrecimiento del -0,9%, lo cual cabe suponer que se debió a un empeoramiento del desempeño económico del país en el segundo semestre del 2016 más allá de lo previsto.
Los factores que motivaron este desempeño se sintetizaron en la ANPP por parte del Ministro de Economía y Planificación en decrecimiento de los ingresos por exportaciones, las dificultades económicas de algunos de los principales socios de nuestro país debido a la caída de los precios del petróleo y la contracción de los suministros de combustibles procedentes del exterior.
Sobre las causales apuntadas, al menos dos aspectos resultan esenciales para comprender las razones directas de la contracción económica del 2016.
En primer lugar, todo parece indicar que se produjo una importante reducción en el suministro de petróleo venezolano en los últimos 6 meses del año. En efecto, ya al cierre del primer semestre se había calculado un descenso de alrededor del 20%, con una entrega de 80 000 barriles de petróleo por día. Pero durante el segundo semestre los estimados disponibles revelan una reducción en los suministros hasta alcanzar únicamente 55 000 barriles diarios.[3]
No obstante, también según informaciones internacionales, Cuba logró compensar en alguna medida la reducción de los suministros energéticos mediante compras en otros mercados, pero en condiciones financieras diferentes a las que ofrece Venezuela. En tal sentido se conocía en septiembre la compra en Argelia de 515 000 barriles de petróleo crudo.[4]
En segundo lugar, se incrementaron las restricciones financieras debido a la reducción de los ingresos y al aumento de las erogaciones a lo largo del pasado año.
Este ha sido un elemento de mucha importancia, si se tiene en cuenta que hubo afectaciones de producción y precios (níquel), producción (azúcar) y precios (derivados del petróleo), pero sobre todo que –a partir de los procesos de renegociación de nuestra deuda externa- se acordaron esquemas que superarían –en lo fundamental- el atraso en los pagos calculado en un 27% del total adeudado, generándose nuevas erogaciones.
Sobre este tema no puede olvidarse que para lograr volúmenes importantes de inversión extranjera y nuevos créditos en condiciones más favorables, el pasado año se planificó pagar alrededor de 5 299 millones de dólares, cifra –que según la información brindada en la ANPP- se cumplió, aunque no se pudieron pagar en tiempo una parte de los créditos comerciales de corto plazo. Al respecto, el presidente Raúl Castro señaló “…en medio de este desfavorable escenario se mantuvo el cumplimiento estricto de las obligaciones contraídas como resultado del reordenamiento de la deuda externa cubana.  Sin embargo, no ha sido posible superar la situación transitoria que atravesamos en los atrasos de los pagos corrientes a los proveedores, con cuyo fin se ejecutaron y realizan un conjunto de gestiones que permitirán aliviar el panorama descrito.”[5]
Los impactos de estas desfavorables circunstancias no se hicieron esperar.
En primer término, los pronósticos del EIU[6]–aun considerando muy modestos crecimientos-, suponían que creciera la agricultura un 1,5%, la industria debía decrecer un -1,4% y los servicios se incrementarían un 1,1% solamente.
En segundo lugar, según estimados de CEPAL,[7] en el 2016 crecieron el sector de hoteles y restaurantes –asociados al turismo internacional-, comunicaciones y comercio. También se reportó un modesto incremento de la producción agropecuaria inferior al plan. Sobre esto último, ya durante el primer semestre se registró un crecimiento de las producciones de viandas y hortalizas, frijoles, y maíz; mientras que decrecían la producción de arroz –un 26,8%- afectada por la sequía, la producción de tomate y la de frutales, entre los cultivos más importantes.[8] Estos resultados no propiciaron un descenso en los precios durante el año.
Por otra parte, cabe suponer que decrecieron la minería y la industria manufacturera más allá de lo planificado. También se redujo la producción azucarera, con una producción estimada en 1,5 millones de toneladas; la producción petrolera alcanzó un estimado de 3 millones 690 mil toneladas de petróleo y gas equivalente, cifra que se viene reduciendo desde el tope de 4 millones alcanzado hace algunos años producto del agotamiento de un grupo de pozos.
El déficit del presupuesto público se enmarcó de acuerdo a lo previsto y se continuó financiando mayoritariamente con bonos de deuda pública emitidos por el Ministerio de Finanzas y Precios para cubrir los préstamos del Banco Central de Cuba.
A pesar de las adversas condiciones económicas enfrentadas en el 2016, no puede desconocerse el esfuerzo realizado por el país para preservar los servicios básicos a la población. En tal sentido se mantuvo una tasa de mortalidad infantil de 4,3 por 1 000 nacidos vivos, cifra similar a la lograda en el 2015 e igual comportamiento tuvo la tasa de mortalidad materna situada en torno a 41 por 100 000 nacidos vivos. También en el sistema de educación se logró una cobertura del 95,2% de los maestros necesarios en el curso 2015-2016, frente a un 93% en el curso precedente. En otro orden de cosas, aumentó la transportación de pasajeros un 3%. Finalmente, se llevó a cabo una rebaja promedio del 20% en el precio en CUC o CUP de 70 productos básicos de venta a la población en el primer semestre del 2016.
Por otra parte, se registraron afectaciones en la disponibilidad de medicamentos y en agosto se reportaba la falta de 68, lo que representaba aproximadamente el 7,7% del Cuadro Básico de Medicamentos del país. Igualmente del plan de viviendas a construir por el Estado se estima que se cumplió solo al 86%.
En síntesis, la evolución de la economía cubana en el pasado año no resultó favorable, ni se ajustó a las previsiones contenidas en el plan. Tal y como se apuntó por el Ministro de Economía y Planificación en la ANPP, la situación “…nos sitúa en un escenario que no podrá revertirse en el corto plazo, caracterizado por fuertes restricciones que obliga a un profundo análisis y atención priorizada a los asuntos de la economía nacional.”
Para ello será necesario examinar las perspectivas de la economía para el 2017 y qué factores pueden mejorar nuestra gestión a corto y mediano plazos. (Continuará)
Enero 5 del 2016.
Notas:
[1] Ver “Raúl Castro: Jamás aceptaremos condicionamientos que laceren la soberanía de la patria” diciembre 29 del 2015 en www.cubadebate.cu
[2] Ver “Marino Murillo: Vienen ajustes en la economía sin afectar los servicios fundamentales a la población” julio 8 del 2016 en www.cubadebate.cu
[3] Ver “Cuba and Venezuela’s Ties of Solidarity Fray” The Wall Street Journal, December 13, 2016, en www.wsj.com.  Varios analistas apuntaron que el envío de crudo venezolano descendió en unos 40 000 barriles diarios, mientras que aumentó en 15 000 el envío de derivados, lo que representa una disminución neta de 25 000 en el número de barriles diarios suministrados.
[4] Ver Reuters “Argelia enviará petróleo a Cuba para ayudar a paliar la caída en suministros desde Venezuela” septiembre 7 de 2016 en www.lta.reuters.com
[5] Ver “Raúl Castro: El mejor monumento a Fidel es hacer realidad el concepto de Revolución” diciembre 27 de 2016 en www.cubadebate.cu
[6] Ver EIU (2016).
[7] Ver CEPAL (2016) ““Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2016” Santiago de Chile, diciembre de 2016 en www.repositorio.cepal.org
[8] Ver ONEI “Sector agropecuario. Indicadores seleccionados Enero-Junio del 2016” en www.onei.cu

Destacan potencialidades para dinamizar nexos económicos y comerciales con Alemania

Una delegación empresarial del estado federado alemán de Baden-Wuttemberg realiza en La Habana intercambios con entidades homólogas cubanas para identificar nuevas oportunidades de negocios y promover inversiones en la Mayor de las Antillas

Por Ledys Camacho Casado 18 de enero de 2017

Con el propósito de aprovechar las amplias potencialidades y oportunidades de negocios que ofrece el mercado cubano, se encuentra en La Habana una delegación empresarial de Baden- Wuttemberg, de la República Federal de Alemania.

Directivos y ejecutivos de doce entidades procedentes de ese estado alemán participaron este martes en un foro interempresarial con sus homólogas cubanas en el hotel Melia Cohiba, donde pudieron conocer de primera mano las posibilidades de proyectos de inversión en la Isla antillana.

A dinamizar y diversificar los vínculos económicos bilaterales instó el presidente de la Cámara de Comercio de Cuba, Orlando Hernández Guillén, quien asistió a la jornada inaugural del encuentro en la capital cubana.

Autoridades gubernamentales de Baden-Wuttemberg presiden la delegación, conformada por ejecutivos y directivos de 12 compañías que representan diversos sectores, entre estos, el automotriz, el de maquinarias y equipamiento de uso industrial y productos médicos, soluciones en la rama de las energías renovables y la ingeniería de sistemas para las TICs (Tecnologías de la Información y las telecomunicaciones).

Además asisten firmas dedicadas a la construcción, el transporte, la asesoría fiscal y económica para empresas de la industria de transformación de alimentos, de tecnologías de recursos hídricos, tratamiento de aguas residuales y preservación ambiental, más otras que ofrecen servicios de consultoría para proyectos de infraestructura.

Johannes Hauser, delegado oficial de la industria y el comercio de Alemania para México, Centroamérica y el Caribe, al intervenir en el foro confirmó el marcado interés por incrementar los contactos directos entre empresas e instituciones cubanas y germanas, teniendo en cuenta el favorable contexto actual en la Isla para impulsar nuevos proyectos y negocios conjuntos.

El programa en la nación caribeña previsto hasta el próximo 20 de enero, incluye un recorrido de la delegación germana por a Zona Especial de Desarrollo ZED Mariel, en el occidente cubano,

Según subrayó Hernández Guillén, en la delegación de Baden-Wuttemberg están representados sectores que Cuba considera estratégicos para el avance de su economía de cara al 2030, entre estos, la construcción, el transporte, el equipamiento para la salud, la energía y la industria en general.

Entre las ventajas del intercambio entre los dos países exaltadas durante el foro sobresale el hecho de que unos 40 000 cubanos hablan alemán, en su mayoría por las estancias de estudios y adiestramientos en ese país europeo.

También Alemania es el primer emisor de turistas europeos al archipiélago cubano, según las cifras aportadas al cierre de 2016.

El FMI dice que no es capaz de calcular el impacto que supondrá Trump en la economía mundial

Por Marco Antonio Moreno, Jaque al Neoliberalismo

El Fondo Monetario Internacional ha confirmado sus pronósticos del pasado mes de octubre para la economía mundial, que contemplan un crecimiento del 3,4% este año y de 3,6% en 2018, y ha señalado un incremento de la incertidumbre relacionado con el resultado electoral en EEUU, reconociendo que no será hasta julio cuando pueda valorar de forma más específica el impacto de las políticas de Donald Trump al frente de EEUU.

"Existe una amplia dispersión de posibles desenlaces en torno a las proyecciones, dada la incertidumbre que rodea a la orientación de las políticas del Gobierno estadounidense entrante y sus ramificaciones internacionales", apunta la institución en la actualización de su informe Perspectiva de la economía mundial, publicado el pasado mes de octubre. El FMI ha incorporado también a sus pronósticos el afianzamiento de los precios del petróleo tras el acuerdo al que llegaron el pasado 30 de noviembre los miembros de la OPEP junto a otros grandes países productores para limitar la oferta de petróleo.

A diferencia de octubre, el FMI aprecia, a pesar de la incertidumbre, un mejor comportamiento de las economías desarrolladas, cuyo pronóstico eleva al 1,9% en 2017 y el 2% un año después, una y dos décimas por encima respectivamente de su anterior pronóstico, mientras detecta un empeoramiento de la tendencia entre las emergentes, para las que prevé una expansión del 4,5% este año, frente al 4,6% estimado anteriormente, y confirma un crecimiento del 4,8% en 2018.

"Las perspectivas de las economías avanzadas han mejorado para 2017-18, gracias al fortalecimiento de la actividad durante el segundo semestre de 2016 y al estímulo fiscal previsto en Estados Unidos", añade el FMI, que advierte, sin embargo, de que a falta de conocer los detalles y orientación de las políticas bajo la dirección de Donald Trump, no será hasta la edición de abril del informe cuando habrá mayor claridad al respecto y sobre sus implicaciones para la economía mundial.

Paradójicamente, el FMI ha elevado su proyección sobre el crecimiento económico de Estados Unidos en 2017 y 2018 por los planes fiscales del presidente electo, aunque ha advertido que eso se verá contrarrestado en su mayor parte por un crecimiento más débil en mercados emergentes clave. Así, EEUU vería una leve mejoría de 0,1 punto porcentual en su PIB de 2017 y de un 0,4 punto porcentual en 2018, hasta un crecimiento del 2,3% y del 2,5%, respectivamente.

De hecho, durante la presentación de la actualización de previsiones del FMI, el economista jefe de la institución, Maurice Obstfeld, ha destacado el cambio apreciado durante la segunda mitad de 2016, con una mejor evolución de las economías de EEUU, China, Europa y Japón, aunque ha advertido de que "la incertidumbre ha aumentado" y existe una amplia dispersión de los riesgos para estas perspectivas en el corto plazo.

Así, el economista jefe del FMI ha apuntado que, a pesar de haber revisado moderadamente al alza sus pronósticos para EEUU, siguen sin estar claros los detalles de la futura legislación fiscal, así como el grado de incremento del gasto público o el impacto sobre la actividad y la demanda agregada, así como sobre el dólar y el déficit.

"Existe, de este modo, un rango más amplio de lo habitual de riesgos al alza y a la baja para estas previsiones", ha subrayado Obstfeld al hacer referencia a si la evolución de la economía estadounidense permite a la Reserva Federal un ritmo más moderado de subida de tipos o si el banco central estadounidense se ve obligado a actuar con mayor rapidez para contener la inflación, lo que provocará la apreciación del dólar, un menor crecimiento real y un aumento de las presiones presupuestarias.

"Este último escenario, con mayores desequilibrios globales, intensifica el riesgo de medidas proteccionistas y represalias, lo que implicaría un ritmo más rápido de lo previsto del endurecimiento de las condiciones financieras globales".

Por el momento, el FMI revisa al alza su previsión de crecimiento para EEUU, mientras que en el caso de la zona euro prevé que el crecimiento sea del 1,6% este año, frente al 1,5% anticipado anteriormente, mientras reitera que en 2018 la expansión será del 1,6%.